viernes, 31 de diciembre de 2010

Hoja de ruta


De los Diarios de Alejandra Pizarnik, leídos poco antes de partir, A seleccionó la entrada del 28 de mayo. Después una sucesión cifrada de fragmentos, hoja de ruta que permite recorrer a Alejandra para reconocerse en ella, en A, en el espejo.

28 de mayo
(…) avanzan con sus triciclos entre los tachos de basura. Luego pensé en mi cuerpo, pensé en mis piernas, en mis brazos, en mi penosa manera de respirar, en mi dolor fantasma debajo de cada hueso, muy en lo hondo, muy en lo oculto. (208)

11 de diciembre
Aprender a tocar los objetos, acariciarlos como quien conoce largamente sus misterios. (211)

28 de febrero
Bajó las escaleras admirándose: ¿Quién más en este mundo bajó las escaleras después de que la puerta se cerró?
A veces los rostros ajenos son puertas. Una puerta entreabierta es una sonrisa fatigada que te expresa que te tiene cierta simpatía pero que preferiría que te fueras. (216)

24 de abril
            Mirar un rostro tal como es. Imposible, si una de mis miradas se ausenta en el mismo instante en que miro con excesiva intensidad. Dicho sea de otro modo: como si mis ojos fuesen enemigos decididos a interferirse: el ojo ausente deforma y transforma lo que va recogiendo el fiel testigo, el ojo presente. El huidizo no solicita de la realidad más que un punto negro, un punto de partida desde donde proyectarse hacia no sé qué lejanía indecible en donde remendar con lo apenas entrevisto al perpetuo agujero de ausencia. El otro ojo, por lo contrario, mira de una manera abrumadoramente justa. Mas en vano solicita mi asistencia, pues mi favorito sigue siendo el ojo que invita a irse lejos de mi mirada, lejos de lo mirado. (217)

31 de mayo
Yo no digo que vengas, que estés ya aquí, que has venido. Pero me niego a negar la espera de tu venida. Déjame esperarte. He nacido para esto. Déjame delirarme sin ti, asistir a la deformación de mis huesos que sólo aman una sombra. He caído en la trampa de esta espera y sin duda soy feliz. (221)

24 de julio
            Nada peor que buscar sobre qué escribir. Mejor escribir sobre lo que puedo, es decir sobre mí, para un día llegar a escribir sobre lo que quiero. (232)

25 de julio
(…) Entonces, dormir brutalmente hasta que el reloj te anuncie las ocho, hora de putear contra la vigilia, y beberás café y fumarás tosiendo y te hundirás en las pequeñas calles sucias «que conocieron Dante y Strindberg y Rilke», y tu sed de ruinas te hará contemplar ávida cada signo de desecho y de muerte. Y pensarás: Mientras haya enfermedades y muerte habrá un lugar para mí. (Y habrá la misma sed, la que no se refiere al agua ni a la lluvia, la que sólo se sacia en la contemplación de un vaso vacío.) (235)

28 de julio
[…] Nadie verá que tú vienes a mí. Ni siquiera yo, pues yo ya estoy muy lejos, yo ya estoy en otro mundo, amándote con una furia que no imaginas. Ven a mí si quieres salvarte de mi locura y de mi rabia, ten piedad de ti y ven a mí. Nadie lo sabrá, ni siquiera yo, pues yo estoy vagando por las calles de otra ciudad, vestida de mendiga vieja, acoplando tus nombres a canciones obscuras que son como puñales para fijar mi delirio. Mi sangre, mi sexo, mi sagrada manía de creerme yo, mi porvenir inmutable, mi pasado que viene, mi atrio donde muero cada noche. […] (240)
[…] Si todo esto fuera verdad, qué hago que no me lloro en mi funeral. Vencida, resistida, derrotada, ultimada a garrotazos, a tiros, a puñaladas […] (241)

30 de julio, lunes
[…] Hoy estoy muy débil, como si hubiera dormido bajo la lluvia y, como si yo fuese una niña de terciopelo y encajes, veo un bosque de ternura poblado de manos de seda y gritos acariciantes y vientos como nodrizas infinitamente generosas y versos para niños tristes y consejos para hacer que la delicia del arco iris dure toda la noche. […] (246)

31 de julio, martes
[…] Que te has ido de ti es un decir, una forma verbal hallable en todas las literaturas. Que no quieres amar. Ah, que no quieres amar ni pensar en el imposible de siempre. Que yo sea mi propio imposible, sí, desde luego, pero que me la hagan de tal manera que yo sólo sea un receptáculo de lugares comunes sobre el amor y la ausencia y el abandono. Me ruego no despertar al amor hasta que yo muera. […] (250)

27 de septiembre
[…] Debiera trabajar en una sola prosa larga: cuento o novela o poema en prosa. Un libro como una casa donde entrar a calentarme, a protegerme. […]

9 de noviembre, viernes
Tú no deseas nada, si bien esto no es verdad. Desearías morir. No mueres porque el sexo te importa todavía: sufrir voluptuosamente, sufrir con un lujo inigualado, ser golpeada, fustigada, ah, tu pequeño cuerpo se anima, palpa, reconoce. Orgasmo maravilloso después de un diluvio de humillaciones e injurias.

Lunes 3 de diciembre
Encuentros entre lo que sucede y lo que se sueña. Si hablo en género neutro es porque no sé. Acarreo sustancias caóticas, venidas de todas mis memorias y de todos mis olvidos. Me gustaría escribir como cuando hablo en sueños: silenciosamente. Algo me defrauda del olvido. Apenas veo un blanco ausente me escupen sangre para que recuerde a mi cuerpo. Si hubiera culpables, si solamente hubiera a quién culpar. (294)

25, viernes
[…] El cine no es una distracción para mí. Es un encuentro, a veces atroz, con mis deseos más profundos. […] (316)

Jueves 27
Como si hubieran barrido en mí. Alejaron el polvo, no hay huellas de testigos ni de testimonios. Sólo los huesos, una presión sospechosa en los huesos, algún leve balbuceo en el lugar de la desconfianza. Hastío en donde no hay huesos, soplo de un viento débil. Ira, imposibilidad. Hablar da risa. Escribir. Debilidad de siglos, devorada por algo, comida por alguien. La nuca, extraños ruidos en la nuca y en las mandíbulas. Angustia con algo oxidado, atmósfera de vieja ferretería, de estación de tren abandonada. (362)

Cinco libros que quise reseñar y no pude, pero cuya lectura recomiendo





jueves, 30 de diciembre de 2010

He pintado la vida tal como es...

 
 

Al final el payaso siempre consigue reunir una nutrida concurrencia

Lente John S
Film Alfred Infrared
Flash Off


Supongo que no necesito decir que he "engadgetecido" y ando muy contento haciendo fotografías con mi Hipstamatic.

jueves, 9 de diciembre de 2010

De "Diez razones para la tristeza del pensamiento", de George Steiner

Aun en momentos de extrema intimidad –quizá más agudamente en esos momentos– el amante es incapaz de abrazar los pensamientos de la persona amada. «¿En qué estás pensando, en qué estoy pensando yo cuando hacemos el amor?» Esta exclusión hace plausiblemente trivial la tan cacareada fusión del orgasmo y su retórica de unísono. Como Goethe gustaba de señalar, innumerables hombres y mujeres han estrechado en los brazos del pensamiento a amantes recordados, anhelados y fantaseados, que no eran aquellos con quienes estaban haciendo el amor. Esta interposición cognitiva, esta reserva mental, involuntaria o deliberada, desdibujada o gráfica, puede sonar como un eco ridículo por debajo de los gritos y susurros de éxtasis. Nunca conoceremos la profunda desatención, ausencia, repulsión o imaginería alternativa que deconstruyen el texto manifiesto de lo erótico. Los seres humanos más cercanos y sinceros siguen siendo unos extraños, más o menos parciales, más o menos desconocidos los unos por los otros. El acto del amor es también el de un actor. La ambigüedad es inherente a la palabra.

martes, 23 de noviembre de 2010

Low cost


Para Rocío Gilabert, que vuela.

Fueron otras fuerzas oscuras y no las aerolíneas europeas quienes inventaron el concepto de low cost. Como todo el mundo sabe los vuelos son baratos, pero salvo el asiento, todo lo demás tiene un precio extra: la maleta de hasta veinte kilos una tarifa, la de veinte y un gramo otra, dos maletas es un lujo, si el tamaño no cumple los requerimientos establecidos para que la maleta viaje en la cabina, deberá facturarse a exorbitantes tarifas, diez, quizá quince veces superiores al precio del billete. Ahora pasará la guapísima Helen con la carta de productos, anuncia la voz desde el más allá,  el hombre detrás de la cortina, apenas iniciado el vuelo. Y en efecto, no hay un resquicio en el trayecto en el cual la guapísima Helen con su voz gutural de sueca, no te ofrezca delicioso capuchino, espumeante chocolate, así, adjetivos incluidos, perritos calientes, pizzas, calendarios de chicas con poca ropa, quizá entre ellas la guapísima Helen o Helga o Heloise, cigarrillos sin humo para los ansiosos pero no pastillas para no soñar, audífonos, perfumes, las bragas más recientes que ha sacado Calvin Klein. Todo en una aparente confusión que no hace sino confirmar una sospecha, como si de una instalación artística se tratara. Contrario a lo que parece, se ha descubierto que el concepto no fue diseñado para fastidiar al respetable cada vez que viaja, o para inducirle al consumismo enfebrecido, sino para indicarle la futilidad de los objetos en su vida diaria. Así, por ejemplo, un viajero que vuelve a casa cargado con libros y ropa, a fuer de no pagar el escandaloso precio del sobrepeso indicado por la compañía aérea, o simplemente porque no puede pagarlo, debe elegir entre desprenderse de un pesado libro de arte moderno comprado en la Saatchi Gallery, del estuche de pinturas o de un voluminoso abrigo Burberry como el de Enrique Vila-Matas. Cuando el avión llega a destino en tiempo se escuchan fanfarrias, quizá felicitando al piloto o encomiando al respetable por haber sido capaces de viajar ligero. Otros como yo, en más de una ocasión hemos jurado que son voces riéndose de mí, de ti, de aquellos que alguna vez hemos tenido que desprendernos de algún tesoro. En la puerta que conduce a la escalerilla, o al tobogán, siempre te espera la guapísima Helen con su sonrisa también encomiástica, como diciendo felicidades, lo lograste, ahora conoces el sentido de la vida, eres un hombre moderno, eres uno de los nuestros.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Sobre la calidad de la educación en México

En el Metro, de vuelta del colegio, el niño se ufana ante el padre de los conocimientos adquiridos durante el día:
—Adivina qué aprendí hoy.
—Qué aprendiste.
—La maestra nos dijo dónde vive Bob Esponja. 
—Ah, ¿sí? Y ¿dónde vive?
—En una piña. 

Me quedo pensando en que o el niño tiene muy mala memoria o la maestra no tuvo siquiera la delicadeza de explicarles que la piña se encuentra debajo del mar.
 


 

sábado, 20 de noviembre de 2010

Matos declara

Con lo mierdoso que amaneció París aquel primero de enero
no creo decir que moriré en París con aguacero
creo que ni siquiera moriré en París
y sí tal vez en una cala perdida del mediterráneo
a donde llegaré sabrá dios cómo

nadie sabrá quién fue el extranjero que gritó me cago en Zeus
ni será capaz de atribuirle a meditadas premoniciones de oráculo
el hilo en el macuto y la katana de Hattori Hanzo

la gente debiera morirse en sábado por la mañana
cuando no hay nadie conectado al facebook
ni se pregunta nadie por tus tuits del día

martes, 2 de noviembre de 2010

César Matos, becario

1.
Primero, César Matos no es más que un escuálido estudiante de Letras que lee a Virgilio y sueña con encontrar y traducir algún día a latinos ignotos. Sus poemas son breves y descorazonados. A los 25 escribe un libro candente a la altura de Altazor o Canto General, aunque la verdad es que sueña más en ser como Parra que como Neruda. No lo consigue. La crítica es unánime y lo consideran heredero de Jorge Teiller. Matos piensa que es estúpida la clasificación y concluye que lo suyo es el estudio de la poesía portuguesa. Comienza a leer a Camoes y a Al Berto, toma clases de portugués que no puede pagar, se aprende de memoria a Ricardo Reis, aunque si ha de ser franco, Pessoa le da hueva. Saramago más. Lo suyo lo suyo es el viaje, piensa. Todas las becas habidas y por haber lo rechazan pero no ceja en su empeño. Sabe que un día conocerá Lisboa y las Azores, que es lo único que en realidad le interesa. Forjar su poesía en Portugal. Le dan una beca. Se trata de una especie de arcadia literaria que lo selecciona para vivir en España durante un año. Matos se hace a la idea, no es Portugal y no es Lisboa, pero al fin conocerá la península y hasta Las Azores. Comienza a dejarse un leve bigotillo y se compra en la tienda de un anticuario unos quevedos. Durante los últimos días que pasa en México se le ve deambular por Donceles, furtivo, con el Libro del desasosiego bajo el brazo. Después viaja a España, la beca no da para mucho, pero escribe, monástico.

2.
Los fines de semana anda entre provincias. Elige una ciudad al azar y la recorre sin ningún plan previamente establecido. Visita un sitio de interés al sur de la ciudad y luego busca el más lejano en el mapa y se dirige allí con lentitud. En el camino no se detiene a ver nada. Recorre el sitio elegido con interés, la visita es fugaz, sale agitado. Mira el reloj, consulta de nuevo el mapa y del norte va al poniente a buscar, por ejemplo, un castillo del siglo XII o a intentar degustación en una tienda de quesos mallorquina, no por hambre sino por gula.

3.
Para el segundo mes el dinero se le ha terminado. Se acomoda en las Baleares y piensa que de hambre no habrá de morirse. Hasta llega a pensar en pasearse por alguna playa nudista de Ibiza con el chile rozagante a merced de las europeas. Algo caerá. Pero no, recuerda que ha venido a escribir poesía, no a empujar el pito por unos cuantos euros. Duda. En el fondo uno escribe para follar y beber a discreción, ya bastante tenemos con los puritanos Mauriac y Cardenal. Merde. No, no se prostituye. Busca a un amigo en Ibiza que lo coloca tocando ritmos americanos sobre un bongó en un bar de Ses Salines, por las noches. Allí conoce a Congo Mulence, un cubano que percute como ninguno en los alrededores, pero cuyo repertorio no pasa más allá de lo que ofrece cualquier disco Putumayo. Congo lo convence de estudiar con él. Aquí hay ritmo acere, no como los poemitas maricas que escribes. Qué tú tienes, tú no naciste para la poesía, le dice una tarde mientras queman hierba tumbados de espaldas en la playa. La arena blanca se ensancha al cuerpo negro de Congo Mulence y a César Matos le dan ganas de llorar porque la imagen es bella, el cielo es hermoso y el atardecer es encendido y naranja como en un poema de Drummond de Andrade. El cuerpo de Congo parece inmortal esa tarde. Matos sabe que ha encontrado su verdadera vocación en la fotografía pero no tiene ni quiere una cámara digital. El resto del verano se lo pasa viajando como autoestopista y buscando con anticuarios una vieja Leica con la cual transformar el oficio. No la encuentra. Sobrevive tocando en plazas públicas el bongó que le regaló Mulence.

4.
Una mañana se despierta en Alicante tras haber tenido un sueño en el que Octavio Paz se le aparece y lo reprende. Regresa a Huelva. Le informan que dados los meses que ha pasado fuera de la fundación, no es más becario de allí, pero él dice que ha tenido una epifanía en Alicante y que ha regresado para revolucionar la lengua castellana. Nadie le cree pero lo aceptan de nuevo. Se encierra en la biblioteca y escribe. Escucha al Octavio Paz de sus sueños reprenderlo con su voz meliflua y putañera. Lee a todos los poetas mexicanos del siglo XX. No duerme. Comienza a escribir un virulento ensayo en contra de Eduardo Lizalde. Mínimo le darán el prestigioso premio Xavier Villaurrutia, dice. Después escribe otro contra Gerardo Deniz donde se lanza con todo sobre el embuste poético de este y lo desenmascara. En dos meses termina un librito de ochenta cuartillas y piensa que ensayos de estos ni Christopher Domínguez Michael. Lo cierto es que no gana el Villaurrutia, no lo llama Jorge Herralde para ofrecerle publicar en Anagrama pero le informan que Deniz y Lizalde lo están buscando para partirle la madre. De hecho no, pero le gustaría. En realidad lo que ocurre es que lo invade una tristeza infinita y se siente crítico parasitario de la obra de otros. Rompe el manuscrito.

5.
Se acaba la beca y esta vez sí lo echan a la calle, después de una ceremonia en que todos leen fragmentos de los libros que han terminado en la estancia. A César Matos todo esto le vale madres. Lo suben a una furgoneta y lo abandonan en el aeropuerto de Barajas, en Madrid. Durante un par de días deambula por el aeropuerto, hasta que encuentra a un marroquí a quien le vende el billete de regreso a la mitad de precio y hasta el pasaporte. Unos cuantos euros que para algo servirán. Se desean suerte. Matos enfila rumbo a la salida. Piensa en dirigirse a Sevilla, o a Lérida o a Albacete. Recuerda con una sonrisa los atardeceres encendidos y naranjas de Drummond de Andrade. Ve una tienda de souvenirs y entra para curiosear un rato.



*Publicado en la antología Entre fronteras, Libros del Claustro, España 2010. Coedición de la Fundación Antonio Gala y Editorial Planeta.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Un poema de Eduardo Lizalde

QUE TANTO Y TANTO AMOR se pudra, oh dioses;

que se pierda
tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.

Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.
Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho, se desplome.

Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.

Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se destroce.

Que tanto y tanto, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.

Que tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.

Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.

viernes, 27 de agosto de 2010

Monólogo mutante

Para el Juli, que me presentó a Plá.

Albert Plá cada día me gusta más. El desenfado volcado en sus letras, su cinismo, su canción protestante pero sin militancia, su música que lo mismo se nutre del rock más duro que de una ranchera y el teatro que organiza en torno suyo. Plá es un fronterizo, un músico que transita entre géneros, a quien no sabría si ubicar entre los músicos, pues sus performances (concretamente hablo del espectáculo Canciones de amor y droga al lado de la también genial Judit Farrés -quien en el espectáculo samplea desnuda, toca el clarinete y actúa- y preparado con el director teatral Álex Rigola) son vanguardistas y sus letras no son menores. Para este espectáculo (2004), recogido en el disco que lleva el mismo nombre, Plá rescató las letras del poeta catalán Pepe Sales, otro desconocido como Fonollosa -también recuperado por Plá- o como el mismo Albert que no suele escucharse en radio y televisión españolas. Las letras de Sales son de una belleza salvaje. Hacia el final del concierto, antes de que Plá entone "Nueva York", Judit Farrés recita este monólogo (que no sé si es de Sales o de Plá, esta es la única transcripción que he encontrado) violento y hermoso. Esto sí que es literatura mutante:

"Estoy alarmado en la escuela ya no se pasa ni metodología pura ni mito particular alguno. Me encanta viajar en coche con el loro a tope, fumando petas, pensaba que no iban a darme el visado, por el SIDA que te dije, pero en Nueva York, maté cerdos y fui Gregory Pep. Lo Jaume Ray buscando hormonas en los huevos de Gary Cooper.
Soy guapo y prota de toda mi obra, ¡lo hace y lo canta todo que te sales! Yo también fui alumno de García Sevilla. Encontramos las voces azul cielo en la calle Valencia, rollo piscina, rollo pez. Ció si que se lo monta bien colgada del palo, del palo eléctrico. Mariona está celosa y mueve el culo al andar.
Oye, mira si ha arribat el Simon haciéndose una paja por mí. La líbido me llega hasta la frontera de la Jonquera. Veo reyes en el agua. Veo el seis. El seis de picas. También juega la sota, tengo un trío bien jodido. Treinta y seis amigos desaparecidos, el talego y el desprecio del hombre como Dios manda.
De prestado ¿qué quieres? Mendigo del visto bueno de los amigos. Pero soy vago, atáxico y algo indisciplinado. Hago canciones preciosas que no sé cantar. Siempre me pierdo y confundo la letra. Además, sé que no se me entiende y que la culpa no es solo de mi piñata, no. Mis canciones son como yo.
¿Buscas un signo o algo en el cielo que te diga donde estan los amigos estrellados? Los que están vivos y los que estan muertos.
Yo quiero un stratocaster ¡joder! Es cuestion de espiritu, ¿sabes? Las canciones nacen de la bola de la libertad. Y aunque nadie escriba canciones para nadie, yo te tengo en mi corazón.
Ya no se me levanta. Ya no me dejan tomar lo que quiero.
Llamo a Bcn a casa de Joan, no me contesta. ¿Dónde coño estarán? ¿Y nuestro pacto loco? Gracias, pero no tengo fuerzas para cambiar de vida.
Demasiado cobarde. Temo a la muerte para ser un suicida. Demasiado curioso de lo que será. De todo lo que nos puede pasar.
¡Devuelve al container, lo que es del container!"

Aquí el vídeo del monólogo a cargo de Judit Farrés:

lunes, 23 de agosto de 2010

Esquina Fogwill


Fotografía tomada del blog de Iván Thays, tomada a su vez de ElMalpensante.

Ha muerto Fogwill. Su muerte me entristece de veras. Justo hace unos días en Madrid compré Los Pichiciegos y Help a él. Me gustaría ser un buen escritor sólo para poder escribir amorosas despedidas a modo de agradecimiento cada que se van nuestros mayores. Hablo de aquellos que de una forma u otra acaban influyendo sobre nosotros. Lo pienso porque Fogwill ha sido en mi caso, uno de esos Virgilios cuyos libros nos guían por los senderos de la vieja puta literatura. Pero no sé escribir necrológicas como aquellas que tan bien escribía el Pereira de Antonio Tabucchi. Y quizá Fogwill, siempre cascarrabias, siempre perro rabioso con lo maloliente y hasta con lo que no, habría desdeñado ditirambos de esa especie. Es un lugar común decir cuando un autor muere que nos quedan sus libros, pero no por común es menos cierto. No otra cosa nos queda. Tratándose de Fogwill nos quedan también entrevistas polémicas, latigazos inolvidables. Más allá de la controversia que tan cara le era, de la polémica que siempre estaba dispuesto a generar, nos queda la suya, una literatura de altísimos registros.

Releo Muchacha Punk y subrayo esta frase:
"El arte –pienso debe testimoniar la realidad, para no convertirse en una torpe forma de onanismo, ya que las hay mejores."
Su ojo de sociólogo lo ayudó a convertirse en uno de los mejores publicistas y quizá él mismo haya acabado siendo su mejor producto. Dice Silvina Friera en su nota para Página/12:


Entre las campañas publicitarias de cuño fogwilliano, de las que le gustaba jactarse, está la de los cigarrillos Jockey: “Suaves pero con sabor, el equilibrio justo”. A Fogwill se le ocurrió “el sabor del encuentro”, que inicialmente no era para la cerveza Quilmes, sino para una tabacalera, y trabajó para Dupont, Esso, Nobleza Piccardo y muchas empresas más.
Y anota una pulla más de Fogwill:
“Las boludas que están en la Facultad de Letras dan clases para chicos tontos; que escriban o den dos clases teóricas sobre Fogwill no es llegar a la academia. Porque Puan no es la academia... es lacamierda. Puan me parece un cotolengo”.
¿Qué habría dicho Fogwill de Pola Oloixarac, la autora de "Las teorías salvajes" surgida de Puan y de quién se ha dicho que es Fogwill con polleras? Me pregunto, pero me autoreconvengo. No nos desviemos. Fogwill se ha ido. Leo Help a él mientras se entremezclan otras lecturas, otros deberes, varias dispersiones, algunos fastidios y ni siquiera puedo escribirle una necrológica medianamente decente. Así que simplemente buen viaje, Fogwill. El Chianti con cola irá en honor del recuerdo de aquella muchacha Punk que un día, en la esquina de Oxford Street y Regent Street. Esquina Fogwill. Es curioso. Allí mismo me despedí hace poco de una muchacha que no era británica sino madrileña. Era guapa y tenía los ojos aristocráticos como la muchacha Punk, pero no era una muchacha Punk sino al vesre. Ella partió en uno de esos autobuses rojos que van hacia King Cross Road, como en Muchacha Punk, pero sin Punk.

Siempre la vieja puta literatura con sus cosas.

En fin. Hasta pronto, viejo Punk.

lunes, 2 de agosto de 2010

Twitterature




In short, art is pretty sweet.
Alexander Aciman & Emmet Rensin


En la librería de la Whitechapel Art Gallery de Londres me encontré este librito publicado el año pasado por la prestigiosa editorial Penguin. Creo que no necesito explicar qué es el twitter y cómo lleva implícita la posibilidad de narrar en tan sólo 140 caracteres incluidos espacios. Entre literatos hay opiniones a favor y en contra. He leído alegatos como éste, en defensa del Twitter:

"Me gusta el Twitter porque me gustan los amores efímeros" (Marco Sifuentes, Etiqueta Negra, agosto, 2009)

Y allí mismo, en contra, Luigi Amara: “el Twitter condensa el signo trágico de la impudicia de la sociedad contemporánea: canales de comunicación siempre abiertos para personas que no tienen nada que decir, para individuos aislados paradójicamente por la tecnología a los que, ay, sólo les queda el consuelo del gorjeo.”

También Aurelio Asiain, vía Twitter: “Sólo por prejuicio, también, consideramos alta literatura un haikú de Basho o una copla de Lorca y no tantos tuits que no lo son menos.”

O Cristina Rivera Garza, quien ha hablado de la tuitnovela, como un timeline escrito por personajes. Una versión contemporánea y experimental de la novela polifónica al modo de Bajtín.

Pues, el caso es que me encontré este librito, escrito con desenfado por un par de estudiantes de la Universidad de Chicago de 19 años que un buen día se preguntaron: ¿Y si Shakespeare hubiera tenido Twitter cómo lo habría dicho? ¿Qué habría tuiteado Gregorio Samsa? ¿Cómo podrían entender los mortales a Stendhal, y a Dante, y a Madame Brontë? El resultado es este libro irreverente que reescribe los grandes textos literarios, desde la óptica del tuit. Arte salvaje y rabiosamente "moderno".

Apenas lo he ojeado, aclaro que no he hecho una selección de tuits, pero había que comentarlo. Una joya. Aquí una brevísima muestra:

The Metamorphosis
by Franz Kafka

@bugged-out

Typing feels weird today.
[...]
I seem to have transformed into a large bug. Has this ever happened to any of you? No solution on Web MD.
[...]
OMFG,my father totally threw an apple into my back.


The Great Gatsby
by F. Scott Fitzgerald

@West-Egg

Got the new place today - kind of small, but great view! Not that I'm judging anything...
[...]
NEVER MIND! THIS GUY KNOWS TO PAAARRRRTTTTYYYY!! Quick: Gatsby's house!!! Txt for directions!
[...]
Gatsby is so emo. Who cries about his girlfriend while eating breakfast... IN THE POOL? 

The Inferno
by Dante Alighieri

@HolyHaha

I'm having a midlife crisis. Lost in the woods. Should have brought my iPhone.
[...]
A girl told me sex forgives no sexiness from the sexy. If anyone understands women, do tell.
[...]
I have to climb a mountain now? You got to be kidding me. Is this a joke? Who the hell came up with story? VIIIRRRGGGILLLLLLLLLL!

Y acá los autores, Alexander Aciman y Emmet Rensin:


martes, 27 de julio de 2010

Antes...

Antes cruzaban ríos…
Emilio Carballido.


Está claro que la vida comienza a joderse cuando uno empieza a enumerar las cosas que antes no le pasaban. Falso. Las cosas ya estaban jodidas y lo que pasa es que uno empieza a cobrar conciencia de cómo las cosas antes simplemente pasaban o no. Por ejemplo, antes no sufría de insomnio ni me despertaba a las cuatro de la mañana para escribir diálogos simplones obtenidos en el sueño. Más aún, antes no me despertaba a las cuatro de la mañana y si lo hacía me tomaba un vaso de agua y me volvía a dormir. Antes las resacas me duraban medio día y no uno ni dos, ni tres. Antes no me daba por pensar que era bipolar ni me percataba de mis conductas propias del signo de Cáncer. Antes quizá no me daba cuenta de que en invierno puedo dormir como un bendito si no hay humedad y si no hay polen en primavera, y quizá no me daba cuenta de que sí padecía de insomnio pero no había insomnio que aguantara más de dos soliloquios. Antes no me daba insomnio porque me levantaba a las cinco de la mañana para ir al inglés. Antes no me daba insomnio porque me levantaba a las seis para ir a la escuela. Antes escribía consciencia y no conciencia. Antes no escribía con ciencia. Y tampoco ahora. Antes no me quedaba dándole vuelta a los capítulos de la novela que corrijo y que no sé cómo escribir. Antes no me interesaba la poesía de Miguel Hernández. Corrijo. Antes no sabía que no me interesaba la poesía de Miguel Hernández. Y si me apuran un poco, tampoco la de García Lorca. Antes no nos preocupaba lo que habríamos de hacer el año siguiente, quizá porque lo que haríamos al año siguiente formaba parte de un plan unido a lo que hacíamos este año, terminar el colegio o la universidad, o el posgrado, aquellos que hicieron o siguen haciendo posgrado. Pero de pronto, uno descubre que si no se ocupa de pensar en qué hará el año siguiente, ingresará a la reserva nacional de talentos a.k.a el paro. O, vuelvo sobre la hipótesis primera, no es que uno descubra que debe pensarlo, sino que de buenas a primeras se descubre pensándolo y de paso descubre también que pensar esas cosas estresa, pero no hay remedio, está uno allí, con insomnio, y se siente un náufrago de Géricault o Delacroix en medio del océano. Y en lugar del estoy orgulloso de ti de tu padre, te dices a ti mismo no estoy orgulloso de ti y de paso descubres que cada día te pareces más a tu padre. Ojalá se tratara de que uno se vuelve mayor, pero no, uno solamente se va haciendo viejo.

domingo, 18 de julio de 2010

Notas rápidas sobre Dublinesca, de Enrique Vila-Matas


Foto tomada de la página de EVM

Estoy leyendo Dublinesca, la más reciente novela de Enrique Vila-Matas. Volveré a escribir sobre este libro cuando haya terminado de leerlo, pero por ahora tengo que decir que, si bien se trata de una novela de la misma estirpe de las novelas vilamatianas, en esta el autor decide dar un paso adelante respecto a lo hecho anteriormente, una vuelta de tuerca narrativa.

Hay en esta suerte de réquiem por la era Gutenberg, un puente que el narrador (el misterioso narrador, que podría ser el misterioso Vilém Vok, que ha dado ya tanto de que hablar, como seguramente quería Vila-Matas) tiende entre "lo clásico" y lo "nuevo" en la literatura. El libro está plagado de referencias, de citas intertextuales, de citas reales y de otras que, sospecho, son apócrifas, como suele acostumbrar Vila-Matas. Una legión de autores irlandeses aparecen en estas páginas que no ofrecen concesión al lector. Que se joda el lector medio, ha dicho David Simon (el creador de The Wire) que piensa cuando escribe el guión de la serie. Algo muy parecido debe haber tenido en mente Vila-Matas al escribir esta novela. Cito:
Sueña con un día en que la caída del hechizo del best-seller dé paso a la reaparición del lector con talento y se replanteen los términos del contrato moral entre autor y público. Sueña con un día en el que puedan respirar de nuevo los editores literarios, aquellos que se desviven por un lector activo, por un lector lo suficientemente abierto como para comprar un libro y permitir en su mente el dibujo de una conciencia radicalmente diferente a la suya propia. Cree que si se exige talento a un editor literario o a un escritor, debe exigírsele también al lector. Porque no hay que engañarse: el viaje de la lectura pasa muchas veces por terrenos difíciles que exigen capacidad de emoción inteligente, deseos de comprender al otro y de acercarse a un lenguaje distinto al de nuestras tiranías cotidianas. Como dice Vilém Vok, no es tan sencillo sentir el mundo como lo sintió Kafka, un mundo en el que se niega el movimiento y resulta imposible siquiera ir de un poblado a otro. Las mismas habilidades que se necesitan para escribir se necesitan para leer. Los escritores fallan a los lectores, pero también ocurre al revés y los lectores les fallan a los escritores cuando sólo buscan en éstos la confirmación de que el mundo es como lo ven ellos...
Swedenborg, Beckett, Magris, los Auster, la Orden del Finnegans a la que pertenece Vila-Matas, Cronenberg, Dylan, Julien Gracq, Godard, Tom Waits, Monterroso, John Banville, Flann O'Brienn, Carlos Barral, Idea Vilariño, Antonioni, Truffaut, Resnais, Carlo Emilio Gadda, Roberto Bolaño, por supuesto James Joyce y una larga lista de nombres reales o inventados como el misterioso hombre del abrigo Burberry.

Enrique Vila-Matas ha escrito una novela inteligente, hilarante, un réquiem por la literatura tradicional y se nota que se ha divertido autoproclamándose quizá como el hikikomori que es su personaje Samuel Riba en un extraordinario fresco de la contemporaneidad. Vila-Matas parece decirnos: No soy como Javier Marías, yo sí entro a internet y leo blogs y guguléo mi nombre en los buscadores. Imagino a Enrique frente a su computadora firmando notas bajo el nombre de Liz Themerson, o Antoni Casas Ros, o como sea que firmen sus heterónimos. Lo realmente sorprendente es que los bloggers y seguidores de la retórica vilamatiana realmente estén haciendo el juego (o quizá aceptando el juego propuesto por el autor, la complicidad escritor-lector) sobre quién demonios es Vilem Vók, cuando todos sabemos que Vilem Vók no es otro que Vila-Matas, o quizá, por el contrario, todo este tiempo, bajo la figura catalana de Vila-Matas ha estado escondiéndose un checo llamado Vilém Vok, que como todos saben, tiene un abrigo Burberry gris que lleva a todas partes.

viernes, 16 de julio de 2010

De "El mapa de sal", de Iván de la Nuez



"Cuando un río se desborda e inunda otros predios, lo primero que ocurre -como ya vio Roland Barthes en Mitologías- es que ese río desaparece mientras cambia el contorno de sus alrededores. Ese desbordamiento, hoy, marca el arte, la cultura y el pensamiento que se producirán en el nuevo milenio. Los autores más audaces serán los que consigan, en lo posible, escapar del claustro exclusivo de la banalización del horror. Aquellos que puedan armar una poética de sobrevivientes, de esos que han alargado su vida para permitirse contar lo ocurrido. Pero sin olvidar, frente a semejante privilegio, la deuda que se ha contraído, el don u ofrecimiento a los muertos cuyas sombras se alargan sobre esta cultura global."

miércoles, 14 de julio de 2010

Dice Carrión y dice bien...




"La metáfora de la vida humana es obvia: en nuestra realidad no existen intérpretes capaces de leer con claridad profética la realidad. [...] Pero también es obvia la metáfora del arte posmoderno: la intertextualidad, el guiño, la referencia cómplice, no son más que estrategias de postergación de una certeza."



lunes, 12 de julio de 2010

Variaciones desconcertantes 2. O esto no es nacionalismo, macho.

Dialogo en clase (London, 8 a.m.) -Disculpen el teclado-

El profe britanico a un alumno:
-De donde eres?
-Barcelona.
-Debes estar muy contento...
-No, por que?
-Pues porque gano Espana...
-No.
-Pero eres espanol, cierto?
-No, catalan.
-Pero Iniesta juega en Barcelona.
-Si, pero no.
-No le vas al Barcelona?
-Si.
-Pero entonces no estas feliz por Espana.
-No.

viernes, 9 de julio de 2010

Diálogo de dos adolescentes en el McDonald's de Gran Vía y Montera en Madrid. O esto no es un no lugar...

-Tío, pero, ¿cómo puede estar tan lleno?

- Es que es muy conocido...

- ¿Es muy conocido el señor Donald?

- Vamos a ver, me refiero al lugar...

lunes, 5 de julio de 2010

En familia



Verá, hace diez años que conduzco el asilo de ancianos Mier y Pesado. Le sigo diciendo así por costumbre, pero desde hace tres ya no se llama asilo, sino residencia para adultos mayores Mier y Pesado. A mí eso de las terminologías me resulta insustancial, por cualquier parte. Los términos cambian pero la sociedad se sigue corrompiendo. Cuanto más se corrompe una sociedad, más se pervierte el lenguaje. Se empieza por decirle sexoservidoras a las prostitutas, pero sus condiciones de vida siguen igual o empeoran. Los minusválidos pasan pronto a ser llamados con capacidades diferentes. No entiendo en qué nos benefician estos calificativos mojigatos, si todo sigue igual. Los ancianos de este hospicio no tendrán mejores condiciones de vida por el simple hecho de que la seguridad social decida llamarles adultos mayores. No saldrían a hacer jogging ni aunque les llamáramos los de la juventud acumulada. Siguen aquí. Huelen a naftalina y a piel que se les va pudriendo bajo la dermis.
Estar aquí no es fácil. Hay un sueño recurrente que me asedia: Está amaneciendo, aún no sale el sol y la niebla todavía se divisa sobre el patio. Estoy en una cama del asilo. Una sábana blanca recién esterilizada me cubre débilmente, está raída. Afuera se escucha el carraspeo de los viejos, los escupitajos sobre las baldosas, las toses de los tísicos, los quejidos de las ancianas. Comienzo a tener frío. Quiero despertar pero no puedo. Poco a poco los ruidos se van silenciando, se vuelven susurros. Al principio son susurros débiles, pero después se acercan y los cientos de susurros se van convirtiendo en un solo susurro que crece, sube por las paredes y llega hasta mi habitación en el segundo piso, convertido en horrísona carcajada. Otra vez el silencio. Los escucho subir por las escaleras. Por un instante recobran el paso ágil, hasta diría que suben corriendo, en tropel. Ninguna voz, sólo sus pasos. Por una razón inexplicable, apenas subir las escaleras vuelven a su paso cansado, lento. Entonces comienzan a arrastrar los pies enfundados en pantuflas de piel. Las pisadas son correosas. Empujan sus carreolas, dan de bastonazos con furia reprimida. Se acercan. Se acercan.
         Los días que tengo ese sueño simplemente no puedo hacer bien nada. Llego tarde al asilo. Las cosas no funcionan. Mi mujer se levanta de mal humor. Los niños amanecen enfermos. Ninguna corbata combina con el traje o descubro que los trajes están todos en la tintorería y que sólo me queda aquella chaqueta vieja de cuando era estudiante. El coche no arranca. Por lo general la pesadilla me visita en jueves. Los fines de semana deberían comenzar los jueves y terminarse los lunes. Seríamos más productivos, haríamos más y mejor el amor y no habría que decidir los domingos si ir a misa o ver En familia con Chabelo, por el canal 2. Desde luego, asumo que al ser el lunes el último día de la semana, uno de los dos tendría que cambiar su programa de día. La Iglesia o Chabelo. Supongo que lo haría Chabelo, pues si bien es cierto que lleva ya más de treinta años vistiéndose de niño, haciendo voz de niño y cantando canciones de niño, también es cierto que la Iglesia lleva mucho tiempo más en el negocio. Aunque quizá desde hace algunos años ya los únicos que vemos el programa somos los ateos y aquellos que crecimos con él en nuestras vidas, desde que éramos niños. —Hola, soy Chabelo, quieres ser mi cuate. De niño siempre quise ir a su estudio de grabación, aunque fuera sólo de espectador, aunque nunca me volteara a ver para bajar a concursar en una catafixia. No me eligió nunca, nunca. —¿Qué pasó, cuate? Supongo que siempre lo supo.

Olvidaba decir que el Mier y Pesado es un viejo palacete de los tiempos de la dictadura. Es acogedor, bonito. Tiene forma de U. La primera planta habría de ser el lugar de recepciones y banquetes, que daría el caudillo. En la segunda estaban las habitaciones familiares. Imagino que el hombre quería construir su Versalles tropical, pero no le alcanzó el tiempo. Antes de que pudiera concluirlo apareció una revolución que lo hizo dimitir e irse al exilio. Muchas tardes me quedo parado al lado de mi ventana, en el segundo piso, mirando al horizonte, hasta donde terminan los jardines del palacio en ruinas. Imagino al caudillo, viejo, solitario, enfundado en su viejo uniforme de campaña mientras parte al exilio a bordo del Ipiranga. Las revoluciones son como los cuentos de hadas. Se acaban en el momento en que se larga el dictador, los revolucionarios se besan y se abrazan, después se pelean entre sí, pero al final se contentan y entonces aparece el cintillo que dice que fueron felices para siempre. No. Las revoluciones no son como los cuentos de hadas. Son cuentos de hadas. Nadie nos dice después lo que pasa con el dictador; a nadie le interesa escudriñar la soledad de sus pensamientos a bordo del Ipiranga, o cuando se pasea por las anchas avenidas europeas. Alguien decía que la experiencia era un valioso peine que los hombres usan cuando ya están calvos. Poco importa. Está lejos. No hay peligro, aunque al país lo siga corroyendo su sistema o acabe implantándose un nuevo sistema, igual o peor de corrosivo.
El estudio de El Hombre preside la nave central. Es un verdadero búnker con un solo ventanal que mira a los jardines. De cuarto de guerra a oficina de loquero cuidaviejitos, qué le parece.
Me gusta pararme junto a esa ventana y encender la pipa, como buen analista freudiano. Por lo regular es allí donde ordeno mis pensamientos.

Desde hace un tiempo me he aficionado a la serie Lo que no fue. El programa es simple. ¿Lo ha visto? Una reportera hurga en la vida de los artistas, gente medianamente famosa y se dedica a entrevistar a la familia, a los maestros de escuela, que por lo general balbucen frases hechas: Sí fue un buen alumno, tuvo notas sobresalientes y ya desde pequeño se le veía que iba a ser artista. Yo siempre supe que tenía futuro, dicen las tías. Su padre se oponía pero yo le daba por su lado, las madres. Mientras se realizan esas inmersiones al pasado, la voz del testimonio se va silenciando con ecos para dar paso a viejas fotografías que desfilan en pantalla. A los artistas se les ve de niños vestidos de marineritos, llorando en la peluquería o sonriendo montados en los caballitos de feria. De vez en cuando entrevistan a las exnovias, a las exmujeres. Eso tiene muy mal gusto. Tanto como cuando van y consultan a la cartomántica del mercado de Sonora para ver qué le depara el futuro al artista. El programa es más bien malo, pero no tengo nada mejor que hacer a esa hora.
Hace unos meses dieron un extenso reportaje dividido en dos episodios en el que hablaban de Chabelo. Comenzaron hablando de sus inicios en televisión como correveidile, así que no me interesó mucho. Fui a la cocina y me preparé un sándwich de queso. Abrí una cerveza. Cuando regresé decían que se llamaba Xavier López y que era una de esas pocas vidas ejemplares de la farándula. Dejé de prestar atención. Comencé a sumergirme en mis pensamientos mientras en la pantalla se veía a un Chabelo muy joven que con cada corte de la cámara y cambio de plano, se iba haciendo un hombre maduro en el mismo plató, frente a la misma audiencia bien portada de siempre, con los mismos chistes gastados y las tradicionales catafixias. Luego las arrugas comenzaban a aparecer en el rostro, el cuerpo se iba encorvando, todo cambiaba en aquel estudio, el mobiliario, los colores, la decoración, todo, menos el traje infantil de Chabelo.  Sí, claro, pensé, es fácil ser ejemplar cuando la vida transcurre en el plató y a nadie le interesa hurgar fuera. Nada decían de su vida privada, era claro que había una instrucción al respecto. Apagué el televisor. Qué cabrón el que haya editado esos vídeos, pensé. Mostrar la decadencia de Chabelo ha sido su venganza secreta. No hay ingenio que no evada o debilite la censura. Uno siempre encuentra la manera de salirse con la suya.

En el segundo episodio intentaron corregir el desperfecto. Casi estoy seguro de que despidieron al que editó esas imágenes en el primer capítulo. Ahora se mostraban fotos de un Chabelo siempre vigoroso, rozagante. Pasaron un vídeo inédito donde un jovencísimo Xavier López de cabellos largos y chaqueta de cuero cantaba una rockera con enjundia y voz templada. El vídeo estaba en blanco y negro y sensiblemente editado. La voz alcanzaba altos registros. La cámara giraba en un ángulo de 180 grados. Parecía querer convencernos de que el hombre tenía una vocación innata para ser un rockstar. Hacía temblar la guitarra, modulaba la voz y la impostaba. Alcancé a ver unas gafas de alta graduación, a lo John Lennon. La reportera dijo que Xavier llegó a tocar en Avándaro aquella misma tarde en que según mi madre se quedó preñada. All you need is love, love, love. Perdí por un rato el monólogo de la presentadora. Cuando regresé de mi ensimismamiento, la imagen del intento de rockstar se había congelado ya en una pantalla que aparecía en el fondo del set. Al frente, la mujer vestida de riguroso traje sastre remataba el programa diciendo: Este es Xavier López de carne y hueso, el de la voz más versátil de México, el hombre que pudo ser como Jim Morrison, pero prefirió ser el niño infatigable que sigue llevando sonrisas y amor a todos nuestros hogares.
Mientras los créditos aparecían en pantalla, comenzó a sonar Light My Fire con el Chabelo rockstar de fondo.

Yo de niño no pedía mucho, sólo quería un autógrafo. Muchos años después comencé a asistir a clases de vocalización para ser la voz en off que anuncia los regalos en el programa. Pero nunca se abría la vacante. Siempre está allí ese señor Aguilera que cambia de voz cada año y nadie se da cuenta. Cada año se convoca a un casting. Voz en off de conocido programa, anuncia el cartel misterioso pegado en las puertas de la televisora. Aparece puntualmente el día 12 de diciembre, cuando todos se han ido al Cerro del Tepeyac a festejar a la virgen. Sólo yo sé que se trata de la voz en off para En familia. No me preguntes cómo, pero lo sé.
Carajo, ya empecé a tutearte, no lo tomes como un signo de debilidad sino de cariño. He estado en los castings de los últimos diez años, los mismos que llevo aquí, dirigiendo el asilo. Nunca llego a la etapa final, esa en la que Xavier López en persona elige al señor Aguilera del año, o mejor dicho, lo catafixia.



Ya va siendo hora de que vuelva al trabajo. Como verás, este escenario no es bueno ni malo, sólo es diferente. Aquí la vida transcurre lenta pero segura, sin las estridencias de la gente en la calle, sin preocupaciones. Los viejecitos tranquilos, sin nadie que sepa quiénes son. Con un poco de suerte y mis buenos oficios, el vecino de cama podría padecer alzheimer, por lo que nada sabrá de ti, no recordará haberte visto al día siguiente. Nunca reciben visitas. Nadie se burla de sus arrugas y sus estrías, de sus carnes muertas. Quién va a hacerlo si todos están igual. Todos estos años, mientras veía el programa, mientras los niños concursantes tenían que elegir entre dos enormes cajas sorpresa, cambiar la elegida por una tercera, a ciegas, sin saber lo que había dentro de aquellas, he pensado que ese acto de catafixiar una cosa por otra, es un acto que determina las vidas de los televidentes. Se desafía al libre albedrío pero al mismo tiempo se le afirma.

¿Cuál era el objetivo de poner a los niñitos a elegir de forma tan abrupta, mientras todo el país permanecía expectante? Apenas elegir el niño, una edecán abría la caja. A veces la caja elegida contenía una bicicleta, unos patines, un juego de sala. En otras, la crueldad tocaba a las puertas del mismísimo infierno y detrás de la puerta había una escoba de bruja o un kilo de plátanos. —Ni modo, cuate, gritabas. —Híjole, cuate, híjole, no podías contener la risa. —¿Por qué hiciste eso, cuate? Lo recriminabas y fingías llorar. ¿Qué coño esperabas? ¿Querías enseñarles que la vida es dura? ¿Sabes que le jodiste la vida a algunos que nunca más se atrevieron a elegir, incluso en su vida adulta? ¿Sabes cuántos fracasados hay en este país por tu culpa?
Sí, es cierto, la vida es así, a veces nos toca elegir, a veces nos toca que sean otros los que elijan, como cuando en una acción de dios padre te tocabas el corazón y sacabas del bolsillo unos billetes a modo de premio de consolación. Visión reduccionista o simplista de la historia, llámale como quieras, pero la vida es así, una catafixia, querido Chabelo. Una de las razones por las que te he traído aquí es para poder darte el beneficio del libre albedrío. Ahora te toca elegir. Quedarte aquí como uno más, o salir con los pies por delante. A ver cuate, piénsale bien.

jueves, 24 de junio de 2010

Del cuaderno de César Matos, 7.

Hay otra imagen que me persigue por las noches y se materializa en forma de dolorosas pesadillas. Soy un dibujo animado, uno más de las fantasías animadas de ayer y hoy, como Bugs Bunny o Élmer o Petunia. Suena el Lago de los Cisnes y puede verse en un primer plano a un trío de patos que se mueven sobre el agua al ritmo de la música, imprimiendo su muy particular coreografía. Entonces veo al Coyote correr raudo hacia mí y me pregunto por qué me ataca y sólo entonces la pesadilla se torna pesadilla porque cobro conciencia de que yo no soy yo sino el Correcaminos. Y ya me pongo en marcha. Corro. El Coyote me persigue. De pronto un acantilado. Y es un instante interminable en el que cierro los ojos esperando la mano salvadora del dibujante y su ejercicio de metaficción. Espero a que introduzca un subterfugio. Espero a que aparezca la mano salvadora del dibujante sobre el barranco y que la imagen se congele, para que sobre la mano un lápiz dibuje un puente sobre el que podré trepar y luego lo borre cuando yo, Correcaminos, haya pasado y el Coyote se encuentre en el medio, mandándolo al séptimo infierno. Pero la mano salvadora del dibujante no aparece y tampoco aparece el lápiz y el Coyote está por darme alcance y suena la obertura de Guillermo Tell y me revuelvo entre las sábanas y armo un escándalo de los mil demonios. Bip-bip. Bip-bip. Bip-bip.

viernes, 18 de junio de 2010

Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac



El furor mundialista me ha impedido escribir algunas notas sobre este libro que en fechas recientes se editó en España (Alpha Decay, 2010), tras el éxito rotundo que ha tenido en tierras argentinas. Ahora voy a hacerlo, aunque no sé por qué, presiento que en medio de un mundial rarísimo donde los haya seré una voz que clama en el desierto. No importa. Aquí va. Se trata de la primera novela de la joven narradora Pola Oloixarac, bajo el título "Las teorías salvajes" que nos recuerda al periplo de Arturo Belano y Ulises Lima, esos detectives ya por todos conocidos, aunque algunos escritores en lengua española finjan que no existen.

La prosa de Pola Oloixarac es llana, clara y seductora. Cuestiona de manera agudísima y desde sus entrañas al proyecto literario de la posmodernidad. Los personajes enfrentan ese dilema entre la tradición y la modernidad, en una novela dividida en dos partes: la primera agresivamente posmoderna; la segunda, aunque menos compacta, en un formato más tradicional.

La prensa y la crítica española, instruidas en las analogías, no han dudado en calificarla como "la prima argentina de la generación nocilla" o algo así. Me parece que es más que eso. La autora hace uso de las narrativas posmodernas, plagada de terminajos y ecuaciones matemáticas, y quizá se atisbe en ello una tentativa casi lacaniana diseñada para abrir bocas y si es posible engatusar al respetable (Véase Sokal y Bricmont, Imposturas intelectuales, Paidós, 1998), pero consigue ir más allá al cuestionar ella misma sus procedimientos.
Pero si esa cosa es un poema, entonces esta publicidad de vaqueros en la Siete Días también es un poema.
Una chica que escribe cartas a Mao. Otra chica de una inteligencia sobrecogedora, fea y filósofa: Kamtchowsky. Un hacker informático. Una novela que transcurre entre el ciberespacio y la Facultad de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, plagada de referencialidad e intertextualidad. En sus páginas conviven Julio Cortázar y Bambi, Emily Dickinson y Bob Patiño (a.k.a. Actor Secundario Bob, para los españoles), Ronald McDonald y el Google Earth. La novela -aventuro una licencia poética- que le habría gustado escribir a La Maga, de Cortázar.

En todo caso, es una extraordinaria primera novela en la que la autora, valiéndose de los recursos tecnológicos de nuestra era, ha logrado además, crear una cartografía de la memoria  argentina, literaria y política; un mapa de un Buenos Aires en llamas que se ordena y se desangra en un instante. Ignoro los ecos que la parte política de esta novela pudiera tener sobre quienes desconocen la historia argentina, pero me parece que cumple su cometido. El dolor y el horror porteño del siglo pasado se revisan y se condensan en un dispositivo (una especie de aleph posmoderno) creado con maestría al final de la novela. Abundan las referencias históricas, psicológicas, filosóficas y cinematográficas; modelos que se adaptan a la historia que se ha propuesto narrarnos la autora. Se perciben otras voces: los inventarios borgeanos, los juegos cortazarianos, ecos de Bolaño, de David Foster Wallace, me parece que la lista es larga. Pero más allá de eso, Pola Oloixarac ha logrado escribir una novela extraordinaria, mientras construye su voz personalísima, revisa las concepciones ideológicas vigentes y los símbolos del otrora poder económico adquieren, bajo su mirada, un cariz diferente:
Les encantaba que fuera el único lugar que daba trabajo a las personas mayores, a las viejas que no tenían nada que hacer de sus vidas; McDonald's, incluso con el payaso ridículo y pederasta de Ronald, era el único lugar verdaderamente democrático que conocían. Todos hacían fila, y aquello que obtenían no era más que aquello a lo que podían aspirar; los downs treintañeros sonreían metidos en sus uniformes, sin llegar a tocar el dinero.
La naturalidad del hilo narrativo es tal que a ratos asusta. De pronto la autora decide hacer algunas elipsis de dimensiones colosales, para poner en boca de sus personajes los razonamientos filosóficos que sostienen su paso de la infancia a la edad adulta. Saltos abruptos, abismos narrativos. Jóvenes cuya precocidad dota de verosimilitud a la historia. Dos partes de una novela que se debate entre la tradición y la ruptura. Su lectura imanta. En medio de la perplejidad y el vacío del mundo contemporáneo, de vez en cuando aparecen novelas como Las teorías salvajes que nos devuelven la fe en el futuro de la literatura. Pola Oloixarac es una rara avis de la narrativa posmoderna. ¿Es una escritora posmoderna? ¿Es la suya una literatura intelectualoide para jóvenes intelectuales latinoamericanos? ¿Vale la pena etiquetar los textos de esta forma? ¿Gana algo la literatura haciéndolo? No al menos desde mi punto de vista. He disfrutado esta novela, como quería Barthes, por el placer del texto mismo. Me basta decir entonces que Pola Oloixarac escribe bien, que escribe endiabladamente bien.