martes 9 de febrero de 2010

Para continuar detenido en una urbe, de Daniela Bojórquez



1. Acceder a la sensación de que cada paso en la ciudad ya está dado. 2. Entrar a un sevenieleven de otra esquina en la misma colonia. 3. Comprar café y pan. 4. Salir y detener un taxi. 5. Saborear el pan y el café con la conciencia de que el sabor es idéntico, provengan de cualquier mini – súper. 6. Considerar la paradoja inserta en el término mini – súper. 7. Escribir en el taxi. 8. Calcular las millas viajero urbano acumuladas en el trayecto. 9. Aceptar lo innúmero de las calles pisadas en la ciudad. 10. Opcional: recordar las baldosas cuando aún no las quitaban rojas de Reforma. 11. Imaginar que los pisos son papel manchado con las huellas de los zapatos. 12. El mármol de ciertas explanadas. 13. Las grietas pedruscos y otros accidentes del terreno. 14. No asomarse por las ventanillas del taxi, de tan conocido el paisaje. 15. Escribir que otra vez se escribe dentro de un taxi. 16. Permanecer bajo un semáforo que no señale alto total. 17. Y que tampoco permita irse. 

 
http://www.jacarandghost.blogspot.com/
 
 

lunes 8 de febrero de 2010

Insinuaciones en rojo, de Lorena García Mateu

INSINUACIONES EN ROJO
2009, óleo sobre lienzo
120 X 150 cm

(click en la imagen para ampliar)


viernes 5 de febrero de 2010

De "Proyectos Espirituales", de Brenda Ríos

*
Yo no soy un fantasma pero me levanto como si lo fuera: miro mis uñas y mis dientes. Todo crece mientras dormimos. Tomo el café con azúcar y el ron con hielo. Echo a perder las cosas pero no puedo evitarlo. Las cosas puras dan miedo.

Uso anteojos y ya olvidé cómo es ver el mundo sin ellos. Hay una claridad que el mundo tiene y no puedo percibirla. La sospecho. Cuando voy en el autobús veo por los cristales de mis anteojos y por los de la ventana: dos cristales atrás estoy yo, imaginando que las formas son esas y no otras, calculando las medidas, los colores, la precisión de los edificios, el grosor de los escalones, el color verdadero de los cabellos femeninos. No puedo ver mi espíritu, imagino que está en algún lado de mí, oculto en la piel o en la sangre o en el aliento que da vida. Pero no puedo verlo. Lo sospecho. Sé que existe porque en ocasiones me conmuevo. Las cosas que se conmueven tienen espíritu. Un espíritu si no hondo e inmarcesible breve y tímido. En su transparencia confío, en su inapetencia, en su ambición de nada, en su bondad misteriosa. Afuera hay colores más precisos, más intensos pero no puedo verlos. Tengo el borde de ellos en la punta de los ojos. Son colores suaves y las formas no tienen picos, nada que pueda lastimar. Son redondas y suaves. Femeninas. Antes de dormir miro mis manos, trato de memorizar el tono de la piel y el largo de las uñas. Es bueno despertarse y saber que el cuerpo vive más allá de uno mismo, que se gasta más allá de uno mismo, que tiene su propio concepto de libertad y que envejece más de lo que uno envejece, que posee sus propios hábitos, que se consume al final del día y nos deja dormir creyendo que se acaba todo por unas horas, que las cosas se suspenden por unas horas. Mis sueños, cuando los recuerdo, son a colores. Como en un televisor viejito los colores están retocados y exagerados pero son los colores que distingo. Las cosas puras dan miedo.

*
Como cuando rellenamos lentamente el alma de dinamita y encendemos la mecha. Como cuando creemos en los detalles de la escena y no acabamos de comprender qué pasó con las iluminaciones. Como cuando el sol parece imposible y el calor imparable. Como cuando nos paramos a mitad de la vida y el pasmo es intenso. Como cuando estamos en el bar mirando una multitud enardecida de intenciones felices, desbocadas, animalescas. Qué cerca estamos de las bestias cuando somos fieles.

*
Este día, este día en especial, acumulé mucha esperanza junta. Pero no hay que desear de más tampoco. Hay gente simple, como un árbol lleno de polvo.

Porque pertenezco a esa simplicidad no pienso más allá. Yo acepto a los ambiciosos si ellos también aceptan esta tranquilidad de agua quieta. No quiero más. Porque lo que ya tengo y que es colma. Extraño, pero es así: uno tiene, uno es. No persigo mariposas con la red. Aunque me gusta rodearme de cazadores incansables. El amor. Va. Viene. Se queda por un tiempito. Es medio turista. Se cansa pronto y padece de ansiedad. Hay. Eso es lo que cuenta. A marejadas un día y luego sequía. Hay. Eso es lo que importa. En sentido de ida y llegada. Es suficiente. Uno vive con tan poco. Este día fue demasiado.

 

jueves 4 de febrero de 2010

Vehículos de piso bajo, de Helí García

.Vehículos de piso bajo 25 x 100 cm. T. Mixta sobre tabla. 2008

(click en la imagen para agrandar)



miércoles 3 de febrero de 2010

Hiena, de Rafael Toriz

David Alfaro Siqueiros
La hiena sobre Latinoamérica
Litografía
29.7 x 23 cm.
1931

LA HIENA


La hiena es un animal inmundo e infame; carroñero como el marabú, se diferencia de aquel porque puede cazar su alimento y por su risa destemplada ante la desgracia ajena.

     Vive en las cercanías de los cementerios y en ocasiones suele engañar a los humanos con gritos de auxilio con la finalidad de devorarlos.

     Los antiguos sostenían que la hiena posee una piedra mágica en los ojos y aseguraban que colocándola debajo de la lengua sería posible predecir el futuro.

     Es el único habitante de Animalia capaz de vencer a la leona y posee un clítoris gigante que en algún momento hizo pensar a los estudiosos que se trataba de un animal hermafrodita.

     “Cualquiera tiene la posibilidad de observar que una hiena que en el año presente es macho, al siguiente estará convertida en hembra; en cambio, si ahora es hembra, pasará a ser macho. Estos animales adoptan uno u otro sexo, cambiándolo cada año, y pueden ser esposo y esposa; de esta forma, no se comportan con actitudes arrogantes, sino que con hechos concretos demuestran que Ceneo y Tiresias son seres antiguos”

Claudio Eliano, Historia de los animales.

*Texto que se quedó fuera del libro Animalia publicado por la Universidad de Guanajuato en 2008 con ilustraciones de Édgar Cano.

martes 2 de febrero de 2010

Pintura cincuenta y cinco, de Ildefonso Cecilia

Ildefonso Cecilia, Pintura cincuenta y cinco. 2009. Serie Equis. Acrílico sobre lienzo. 180 x 180cm

(click en la imagen para agrandar)


lunes 1 de febrero de 2010

Segundo aniversario del Blog


Para Tomás Eloy Martínez, In memoriam


Hace dos años, mientras en la ciudad de México y en algunas capitales de provincia, los recién llegados emos a la escena pública mexicana padecían infames madrizas por parte de darkettos y punks —quizá en un intento de marcar distancias—, decidí, en medio de una crisis un tanto cuanto emo, crear este blog como un intento de... ¿de qué? No lo sabía entonces y no lo sé ahora. Lo que sí se es que a lo largo de dos años me ha permitido publicar en convivencia y/o connivencia textos de autoría propia y otros copypasteados, notas de prensa, aportes de amigos generosos, artículos, recomendaciones, textículos, minificciones que buscan potenciar la imaginación del lector, concisión narrativa y concesiones literarias (muchas), delirios, sueños de la razón (esos de los que decía Goya, son atroces), ejercicios, experimentos. Este blog ha sido a lo largo de dos años una válvula de escape, un tubo de ensayo en donde he vertido apuntes, ideas, elucubraciones de varia invención.

El año pasado sucedieron muchas cosas que marcaron mi vida y me parece que también la historia contemporánea. Mientras en mi vida tuve que dar un golpe de timón para venir a vivir a España, dejarlo todo atrás, quemar las naves pero resistiéndome siempre al naufragio, en la historia contemporánea sucedieron fenómenos excepcionales. En Estados Unidos murió Ted Kennedy “el León del Senado” norteamericano; Obama recibió el primer Premio Nobel de la Paz, como un exhorto de esperanza; Fuentes y Vargas Llosa no recibieron el de Literatura por enésima ocasión; se presentó el revolucionario Kindle de Amazon; murió Michael Jackson; Brasil se convirtió en la potencia económica de América Latina; madrearon a Rihanna; Cristiano Ronaldo se convirtió en el contrato más jugoso de la historia del fútbol y de paso en una marca más allá de un hombre, CR9; el Barça lo ganó todo; el mundo se sumió en una crisis económica sin paralelo y Juanito no pudo ser delegado en Iztapalapa mucho tiempo. La lista de los acontecimientos que marcaron 2009 es larga y no sería el momento para analizarlos, pero muy poca gente se acordaba para entonces de los emos, esos mismos emos que me contagiaron de su estado de ánimo emo para crear este blog en 2008 se fueron quedando en el camino y en las canciones de San Pascualito Rey. Es chufla. No soy, ni he sido, ni como en La Bamba: por ti seré por ti seré, emo; pero después de todo el blog se quedó aquí, para seguir adelante.

Mientras escribo esto, leo con tristeza la noticia de la muerte de Tomás Eloy Martínez. El 08 de octubre de 2009, en la ceremonia de inauguración de la Octava Promoción de la Fundación Antonio Gala emití, a nombre de mis compañeros de promoción, un mensaje en el que recordaba una frase de Tomás Eloy, leída hace algún tiempo: «El arte es un fuego que salva sólo a quienes se queman en él, con libertad y sin miedo, tal como hizo Kafka cuando completó “La condena”, en una noche que vale tanto como una vida.» Tomás Eloy Martínez —infatigable narrador y periodista— proclamó alguna vez el derecho de los latinoamericanos a bañarse en las aguas de todas las tradiciones culturales. El río de esas aguas me arrastró el año pasado a la Córdoba española, mora y romana, islámica y católica, que a orillas del Guadalquivir, guarda aún los ecos de Averroes y de Maimónides, de Séneca y de Góngora, de un jovencísimo Ortega y Gasset, de Romero de Torres y de Manolete.

El insoslayable pasado cultural de esta ciudad realiza un excepcional concierto al alimón con una generación que aquí y ahora mismo trabaja para forjar el porvenir de su arte. Arte que salva, como quería Tomás Eloy Martínez. Arte joven, en tinieblas quizá, pero arte en su más alto grado de pureza, rodeado de inquietud y honestidad, de artistas que desde esta Fundación en donde convivimos, se preguntan todos los días, discuten, a veces hasta muy altos grados de pasión exacerbada sobre lo que hacen, cómo y también por qué lo hacen. La policromía de voces nos enriquece y nos sublima, y es por eso que, para el segundo aniversario de este blog, un grupo de artistas iberoamericanos invitados responden a la convocatoria de quien esto escribe, aportando su creación durante el mes de febrero (esto no será ARCO ni la Feria del Libro de Frankfurt pero hace su mejor esfuerzo) y, como un homenaje a ese iberoamericano grande que fue Tomás Eloy Martínez.

Este año 2010, se conmemoran varios bicentenarios de las Independencias en América. Atrás quedaron ya las deudas históricas, lejanas e impagables. Vivimos hoy en un mundo híbrido que nos permite convivir con el otro, aprender del otro, ser también un poco el otro. Concluyo, con una cita literaria pero que aplica, me parece, al arte en su conjunto, de manera holística. La cita nos remite a América pero también a España. El tiempo se remonta al año 2001. El sitio es Caracas, Venezuela. El pretexto es la recepción del Premio Rómulo Gallegos. La voz, austera pero chispeante, es del catalán, forofo del Barça —y espero que también español si la Generalitat no dispone otra cosa—, Enrique Vila-Matas: “Hay que ir a una literatura acorde con el espíritu del tiempo, una literatura mixta, mestiza, donde los límites se confundan y la realidad pueda bailar en la frontera con lo ficticio, y el ritmo borre esa frontera. De un tiempo esta parte, yo quiero ser extranjero siempre.”

Abrimos así esta edición especial de colaboraciones de América y de España. Que la disfruten.

domingo 31 de enero de 2010

Barrer alrededor

COURTESY LILLIAN ROSS
Saldrán mil y un libros este año intentando agotar la biografía, la cáustica vida de Jerome D. Salinger, intentando resolver claves, desvelar misterios acerca de ese enfermo de lo que Vila-Matas llamaría síndrome de Bartleby, durante tantos años. Quizá, estoy especulando, en la Feria del Libro de Frankfurt de este año, se venderán ya los derechos de esos textos inéditos que irán apareciendo, saliendo de cajones, exhumados de sabrá Salinger dónde. Luego vendrán los herederos a pelear los derechos de los libros, aparecerán algunos hijos no reconocidos, un par de amantes y quizá hasta una conjura digna de un libro de Dan Brown. No importa, tampoco importa mucho que Salinger se haya muerto, ni que haya sido una buena persona. ¿Qué escritor realmente grande es una buena persona? A Salinger se le recordará como un viejo gruñón, cascarrabias, celoso guardián de su literatura, no importa. Lo que sí importa es que fue un escritor infatigable. Es un hecho que Salinger siguió escribiendo. Dejó de publicar, porque su oficio era el de escritor, no el de publicador. Vale citar ahora aquel relato de Tito Monterroso para nuestro Bartleby, Rulfo:

El zorro sabio
Un día que el zorro estaba aburrido y hasta cierto punto melancólico y sin dinero, decidió convertirse en escritor, cosa a la cual se dedicó inmediatamente, pues odiaba ese tipo de personas que dicen voy a hacer esto y lo otro y nunca lo hacen.
Su primer libro resultó muy bueno, un éxito; todo el mundo lo aplaudió, y pronto fue traducido (a veces no muy bien) a los más diversos idiomas.
El segundo fue todavía mejor que el primero, y varios profesores norteamericanos de lo más granado del mundo académico de aquellos remotos días lo comentaron con entusiasmo y aún escribieron libros sobre los libros que hablaban de los libros del Zorro. Desde ese momento el Zorro se dio con razón por satisfecho, y pasaban los años y no publicaba otra cosa.
Pero los demás empezaron a murmurar y a repetir:
¿Qué pasa con el zorro ?, y cuando lo encontraban en los cócteles puntualmente se le acercaban a decirle tiene usted que publicar más.
- Pero si ya he publicado dos libros – respondía él con cansancio.
- Y son muy buenos -le contestaban- por eso mismo tiene usted que publicar otro.
El zorro no lo decía, pero pensaba: “En realidad lo que éstos quieren es que yo publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer”.



Y no lo hizo.

Es innegable el valioso legado de Salinger para la narrativa contemporánea. Es innegable también su carácter de zorro, por los motivos que ahora, insisto, intentarán explicarnos desde todas las aristas posibles. Ojalá que entre los libros que salgan este año y los que siguen, no vengan a endilgarnos cuadernos de apuntes sinsentido, dibujos y poemas malos, novelas inacabadas, todo eso que las familias de los escritores acostumbran publicar para ganar unos billetes más. Es cierto que gracias a la desobediencia de Max Brod conocemos la obra completa de Kafka, pero también es cierto que gracias a María Kodama nos han ido recetando mucha basura de Borges. Ahora mismo se ha anunciado ya la inminente publicación de El tercer Reich, la novela inédita -¿cuántas más aparecerán?- de Roberto Bolaño, encontrada por su mujer y su flamante agente, el Chacal Wylie. Que nos digan pues todo lo que quieran de Salinger, pero que respeten sus designios sobre lo que deba publicarse de su cocina. Ojalá que Salinger, como buen Zorro que era, haya destruido antes de morir, como Debussy, todo lo que había dejado inacabado. Eso es lo menos que puede hacer un autor por sus obras -ha escrito Milán Kundera-: Barrer a su alrededor.

miércoles 27 de enero de 2010

Del viento la noche, IV

Voy a escribir poesía negra por las noches
como Onetti
a embriagarme hasta el alba de poesía
y también de alcohol aunque no salve
la poesía claro está

voy a pensar en las fábulas de infancia que leía
en la guitarra de Guillén que sueña
en la lechera del cántaro roto
en Parra que pegó con la porra a la perra
y en el romance del camino de mi infancia
que engolado recitaba

voy a anclarme a esta tabla negra que no salva
a este fuego gris que no consume
a este piano viejo destemplado que no sé tocar
para secar mis manos en tu ausencia / letras muertas
estertor violento / sangre

pOe



A

martes 26 de enero de 2010

Tiene que saberlo... 28


Amarillo-Rojo-Azul ( Kandinsky 1925)

Un polisíndeton es una metábola de la clase de los metataxas porque afecta al nivel morfosintáctico de la lengua, y se produce por adición repetitiva a distancia. Son metábolas, además del polisíndeton, la metátesis, el hipérbaton, la hipálage. Los metataxas, desde mi modo de entender las cosas son un vicio, un solecismo o barbarismo sintáctico, pienso por ejemplo en el anacoluto y la silepsis. OK?

lunes 18 de enero de 2010

Sobre la corrección de textos literarios

Esta semana, la revista Ñ del diario argentino Clarín, publica un artículo/reportaje que al menos a mí me parece interesante sobre la corrección de textos literarios, las manías y obsesiones de algunos escritores a la hora de revisar lo escrito. Reproduzco fragmentos con las opiniones de Sergio Chejfec y el siempre polémico y querido por este blog, Roberto Fogwill, además de una valoración de la concepción borgiana de la literatura y la del también admirado César Aira. Acá el trabajo completo de Carolina Esses http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/01/16/_-02120612.htm :

En el blog de Chejfec, por ejemplo, se puede leer el original de su puño y letra, con las correcciones a la vista. "Para mí", explica, "es una manera de ofrecer el original en el sentido plástico de la palabra. El dibujo de lo escrito. Ese dibujo, ya que es una actividad doble, guarda el tiempo en que ha sido compuesto. Algo así como el recuerdo o su estela. El manuscrito exhibido es documento desviado, ya que no corresponde a nada sino a sí mismo, y sin embargo atrae por el grado de incompletud o contingencia que tiene todo lo hecho con las manos, al contrario de lo escrito propiamente dicho, que postula naturalmente la fijación y la permanencia".
Sigue Chejfec:
"No pienso la revisión o la corrección como una promesa de adecentamiento o emprolijamiento del texto", dice Sergio Chejfec, "sino como un bastión de arbitrariedad. Creo que toda escritura predica lo incompleto, lo esquivo y lo que pierde forma, también predica todo lo erróneo pero cierto que tenemos alrededor; por lo tanto, la corrección, pensada como parte de la escritura, debe proponer la misma imperfección de todo lo construido o artificial y no buscar ocultarlo".

Entre los métodos de Borges y Aira:
dos modelos si se quiere: Borges y Aira. El del escritor que busca aquella palabra que ya no admita ser cambiada por otra, cual caballero detrás de un santo grial, y el de aquel que pone el acento en el presente de la escritura (y con Aira, Copi, Osvaldo Lamborghini y la ya archiconocida frase "primero publicar y después escribir"), para quien lo importante no es lo escrito sino lo que se va escribiendo, la expansión de la frase y del sentido. La fijeza de la perfección, de lo acabado, la escritura como el camino hacia un lugar preciso. O la opción por lo incompleto, la no depuración del estilo, la frase –o la trama– expandida hacia el infinito y por lo tanto, el abandono de la instancia de corrección.
Y luego el sabio Fogwill:
 "Más que no corregir y proseguir la huida hacia delante agregando obras, lo ideal sería componer una obra completa de mil o dos mil páginas –no más– y tener tiempo para corregirla frase por frase justo a la edad en que uno ya sabe todo lo que puede llegar a saber", dice vía correo electrónico. "Pero casi nadie tolera pasarse treinta años de anonimato y todos quieren ser escritores, y escritores famosos, reconocidos, traducidos, bien remunerados, prostituidos y ¡jóvenes! Yo gozo corrigiendo, porque de repente me gusta algo que escribí, y que nadie, ni yo mismo ahora, podría emular, y, entonces, ensoberbecido, me doy ánimos para enfrentar cada frase a la pesca de lo que me autoengañé de haber logrado. Es más fácil corregir un texto que cualquiera de las cagadas que uno fue cometiendo en la vida, especialmente la de publicar y creérsela."

lunes 11 de enero de 2010

Del cuaderno de París, IX


Esta ciudad es así.
Cala los huesos. Se mete subrepticia por los agujeritos de este corazón azul.
Ciudad raqueta.

viernes 8 de enero de 2010

Del cuaderno de París, VII bis



Pli ou Loi?
Oulipo
Lu ou Poli?
Oulipo
Li Po ou Lulli?
Oulipo
Oïl ou Oui?
Oulipo
Io ou Lou?
Oulipo
ô
Oulipo

GEORGES PEREC, Beaux présents.

Del cuaderno de París VII

Il y a un seul point sur lequel vous ne vous étiez pas trompé: effectivement, c'est la vie qui a le dernier mot. La troisième année, il y a une bonne et une mauvaise nouvelle. La bonne nouvelle: dégoûtée, votre femme vous quitte. La mauvaise nouvelle: vous commencez un nouveau livre.

Frédéric Beigbeder. L'amour dure trois ans.

Del cuaderno de París I




Porque sabemos hacer del escapismo un arte...
Bunbury

Sí. Como la Maga y Oliveira. Andábamos sin buscarnos. La diferencia apenas consistía en que nosotros sabíamos que ya nunca volveríamos a encontrarnos. Ni siquiera en Facebook.

sábado 26 de diciembre de 2009

Tribuno con caballo


En Granada me compré un playmobil. Un jinete romano de porte marcial. La caja dice que es un “Tribuno con caballo”, pero ni madres, esto no es un tribuno, aunque sería lindo que en verdad lo fuera. Quizá sea sólo una mala traducción como casi todas las que hacen en España. Quizá ni siquiera tiene el porte marcial que le atribuyo, pues difícilmente podría atribuírsele porte marcial a estos muñequitos inofensivos que con ojos profundos divisan de cerca mi infancia.


La juguetería está atascada de playmobil, pero también de consolas para videojuegos que causan hoy mayor conmoción entre los chicos. Yo, en cambio, me detengo en el pasillo en donde conviven el barco pirata aquel que nunca tuve –aunque los de entonces, como en el poema de Neruda, ya no son los mismos–, pero que bien recuerdo, con la sala de quirófano que sí tuve, los apaches y los vaqueros que me regalaban mis padres simplemente porque sí, sin necesidad de constreñir los obsequios a cumpleaños, navidades y todas esas celebraciones que obligan a dar, aunque el que da no quiera hacerlo. Fin del reclamo.

Alguna vez tuve un circo y regalé, en un gesto de magnanimidad de la que nunca me he arrepentido, un par de leones a un chico que ni siquiera fue mi amigo cercano, sino simplemente una visita que pasó por casa. Miro detrás del cristal –el del tiempo– al bisonte marrón del cuerno roto. Miro los caballos y los piratas que sí tuve y que no tenían pata de palo pero sí parche en el ojo con cara de malos.

El legionario, o jinete, o tribuno, me mira desde su pedestal ecuestre y yo también lo miro, ahíto de pálpitos. Antonio Gala me dijo hace algún tiempo –eso dice Helí, y yo le creo, pero la verdad es que no lo recuerdo– que me vendría bien un poquito de humanidad. Yo creo que siempre la he tenido, pero mientras veo a mi playmobil creo también que los juguetes debieran seguirse haciendo para humanizar por igual a niños y adultos. No sólo para cumplir roles de muerte y destrucción en las consolas.

El elemento lúdico estimula la imaginación y también la memoria cuando hemos pasado de largo. Me gusta concebir a la literatura como divertimento puro cuando la practico. Me gusta además la literatura-juego de quienes escribiendo aún el mundo adulto, lo leen con ojos de niño, como Julio Cortázar, autor de la juguetona Rayuela, o como el Pío-Pío-Pí de Kurt Vonnegut.

Veo de reojo al iPhone que me acompaña desde hace ya un tiempo y desdeño por un momento su internet inalámbrico, su agenda electrónica, su GPS que me da cierta ubicuidad, sus traductores y su cámara fotográfica, los casi cien libros que almaceno allí pero que nunca leo, sus 2135 canciones y su grabadora de sonidos, su aplicación para Skype, su piano y hasta el Assasin’s Creed que he jugado entre pasivo y obsesivo durante los últimos días en autobuses y trenes y salas de espera. Aplicaciones alucinantes pero frías, incapaces de alcanzar la grandeza del jinete romano que se yergue orgulloso y me devuelve sonrisas y letras, aromas y voces, otros tiempos que valen tanto como la vida misma porque la vida misma es una colección de momentos que debiéramos seguir atesorando en la maleta de viaje o en el cajón del escritorio, aunque el mundo contemporáneo y las revoluciones tecnológicas se obstinen en cerrarles el paso.

Escritores latinoamericanos ayer y hoy, según Volpi (copypasteado de Thays)

COPIO UNA COPIA DE IVÁN THAYS, DEL MÁS RECIENTE LIBRO DE VOLPI:

"la lista titulada "Evolución del escritor latinoamericano (del Boom a nuestros días)" que aparece en el libro de Jorge Volpi El insomnio de Bolívar (Debate). A ver si están de acuerdo o no. Yo me divertí. [Por cierto, los paréntesis son míos -es decir de Iván Thays, de Moleskine Literario-]"


Apariencia

Antes: Cabello largo, chaqueta de cuero, morral al hombro, look hippie o indumentaria típica [y saco oscuro y corbata de seda, riguroso para dar conferencias, un look de dandy oficinista a lo Mad Men. También vale el liqui liqui]

Ahora: Cabello cortísimo, blackberry o iPhone [y un Amazon Kindle] y camisetas. Look nerd o cool [un saco algo arrugado con camisa y siempre sin corbata también se vale]

Convicciones políticas

Antes: Izquierda revolucionaria

Ahora: Indiferencia política y cierta simpatía por ese lugar indefinido llamado “centro”.

Amistades

Antes: Presidentes y caudillos latinoamericanos, estrellas de Hollywood, artistas plásticos.

Ahora: Directores y actores de cine latinoamericano, académicos gringos, edecanes de congresos literarios [un amigo geek a quien puedes llamar para que te dé el dato de un gadget o te arregle un problema con tu portátil es imprescindible]

Idiomas

Antes: Inglés y francés obligatorios, a veces alemán.

Ahora: Inglés.

Formación Literaria

Antes: Clásicos de aventuras (Salgari, Verne), clásicos grecolatinos, colección amarilla de Gallimard.

Ahora: Clásicos de la televisión (Don Gato, El túnel del tiempo, Twilight zone), clásicos latinoamericanos, colección amarilla de Anagrama [sería impolíticamente correcto decir el Chavo del Ocho para un mexicano, pero es verdad aunque le duela a Volpi. Dibujos de peleas como Meteoro o Sankuokai. Además, las series de TV gringas desde Hechizada hasta Mad Men, pasando por The Sopranos. Algunas telenovelas brasileñas y las series adolescentes como Verano Azul y Jacinta Pichimahuida, obvio]

Preferencias musicales

Antes: Música clásica, tango, bailes de salón, trova cubana.

Ahora: Música electrónica, rock independiente [no olvidar el rock argentino de los 80, el jazz y el bossa nova]

Preferencias cinematográficas

Antes: Cine clásico de Hollywood, neorrealismo italiano, Nouvelle vague, Bergman, Fassbinder, Scorsese, Woody Allen.

Ahora: Cine independiente estadounidense, cine asiático, Tarantino, Wong kar Wai, González Iñárritu, Scorsese, Woody Allen [Dogma 95 y el cine latinoamericano independiente también deben estar en la lista]

Escritores favoritos en otras lenguas

Antes: Faulkner, Dos Passos, Camus, Sartre, Mann, Mailer.

Ahora: Auster, Amis, Sebald, Tabucchi, Magris, Murakami [¿Cómo? ¿Y Nabokov? Estás mal, Volpí]

Escritores favoritos en español

Antes: Borges, Vallejo, Arguedas, Neruda, Rulfo, Paz.

Ahora: Borges, Bolaño, Marías, Vila-Matas, Piglia [aumentaría a Manuel Puig, Sergio Pitol y César Aira]

Editoriales emblemáticas

Antes: Seix Barral, Sudamericana, Joaquín Mortíz, Era

Ahora: Anagrama, Alfaguara, Tusquets, Siruela [y Mondadori con fuerza últimamente. Y las editoriales independientes españolas como Acantilado, Libros del Asteroide, Periférica, Lengua de Trapo, las argentinas como Adriana Hidalgo, Eloísa Cartonera, Interzona, Mansalva, Eterna Cadencia, las peruanas como Estruendo Mudo, las mexicanas como Sexto Piso o Almadia]

Premios Literarios

Antes: Biblioteca Breve, Rómulo Gallegos

Ahora: Biblioteca Breve, Herralde, Alfaguara

Residencia fuera de sus países

Antes: Universidades estadounidenses, Londres, Barcelona, París, México DF

Ahora: Universidades estadounidenses, Barcelona, Madrid

Agentes

Antes: Carmen Balcells

Ahora: Antonia Kerrigan, Guillermo Schavelzon

Peculiaridades

Antes: Realismo mágico, realismo, literatura fantástica [y ese engendro llamado Novela Total]

Ahora: Realismo, ciencia ficción

Enemigos

Antes: Nacionalismo e imperialismo, otros grupos literarios

Ahora: Globalización, otros grupos literarios [monopolios como Google Books]

Aspiraciones

Antes: Premios, reconocimiento internacional, convertirse en conciencia de América Latina, pureza literaria

Ahora: Premios, reconocimiento internacional, dinero

Actividades paralelas

Antes: Conferencias, periodismo, columnas de análisis político, diplomacia

Ahora: Blogs, columnas de literatura, clases universitarias

Temas principales

Antes: América Latina

Ahora: ?

viernes 25 de diciembre de 2009

Diez recomendaciones para el año que viene

Como en estas fechas todo es chunga y pachanga, despiporre y feliz algarabía no les voy a pedir que lean nada ni vean nada. Dedíquense a celebrar como los convencionalismos mandan, que ya el año que entra el hígado dirá. Por lo pronto, y muy agradecido con el año que se va, que ha sido lleno de arte del bueno, de gratas compañías que nos sugieren siempre rutas de lectura, de cine, de música -es decir, de viajes-, les dejo una lista de cinco libros que leí este año y que recomiendo ampliamente (sin llevar comisión alguna por parte de los editores) y cinco películas también de alta manufactura.

LOS LIBROS SON ESTOS:
Los perros de Tesalónica. Kjell Askildsen.



Matadero Cinco. Kurt Vonnegut.


Cómo me hice monja. César Aira.


Historia argentina. Rodrigo Fresán.


El ruido eterno. Alex Ross.

LAS PELÍCULAS SON ESTAS:
Lola. Rainer Werner Fassbinder



El testamento del doctor Mabuse. Fritz Lang


La vida de Brian. Monthy Python.


Persona. Ingmar Bergman.


Zelig. Woody Allen.

Sean felices pues.


lunes 21 de diciembre de 2009

Matutino

Y en otras noticias, se informa que próxima la hora de partir, la mañana es cotidiana y mórbida. Y temblorosa. El cielo está invisible y nuestras manos... repletas de venas, cada día más ancianas.

martes 15 de diciembre de 2009

El lenguaje mudo

Sí, ya sé que este espacio ha estado muy olvidado últimamente, pero como saben, ando de pata de perro y quesque escribiendo una novela; así que si mi triunvirato de lectores sigue allí, les prometo que pasada la tregua navideña retomaremos la actualización de este blog. Mientras tanto, uso las teclas ctrl-c, ctrl-v para dejarles un texto aparecido este sábado en Babelia, que vale la pena como hoja de ruta. Muchos abrazos, mucho amor y que el invierno no nos marchite mucho esta vez. Me marcho. París... bien vale una misa.


El lenguaje mudo
Por Leila Guerriero

Piensa esto: piensa que lo primero que supo acerca de los libros fue, allá en la infancia, que así como había baños para niñas y baños para niños, había libros para niñas -Mujercitas- y libros para niños -Colmillo blanco, El faro del fin del mundo- que eran, precisamente, los libros que ella leía y que despertaban, en los adultos, una mirada de caritativa sospecha, como si leer libros sobre fareros y hombres en tierras de lobos pudiera convertirla, a ella, en farero, en hombre, en lobo. Piensa eso la mujer en el vagón del metro mientras intenta ocultar la portada del libro que lleva sobre la falda. El libro es de una autora respetable -Melissa Bank- pero tiene un título sospechoso -Manual de caza y pesca para chicas- y la mujer no quiere que nadie crea que ella es lo que ese título podría sugerir: una mujer en busca de marido siguiendo, para eso, las indicaciones de un tomo de autoayuda. En la infancia, piensa, era más fácil: había libros para niños y libros para niñas, y el que leía mucho podía parecer un poco raro, pero la lectura no era -además de un placer- especulación, carné de club: señal de pertenencia.

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Todo lector es dueño de un lenguaje encriptado que delinea las fronteras de su reino. En ocasiones ese lenguaje es fácil de entender y las fronteras del reino casi obvias: no es lo mismo decir Paulo Coelho que Mario Levrero; Sidney Sheldon que John Banville; La fortaleza digital que Yo el supremo; Isabel Allende que Grace Paley. Pero en ocasiones el lenguaje se pone muy sutil y entonces tampoco es lo mismo decir El palacio de la luna, de Paul Auster, que El libro de las ilusiones, de Paul Auster; ni decir Coetzee que Sándor Márai; ni decir Salinger y Bukowsky que DeLillo y Pynchon; ni decir Pedro Páramo que Cien años de soledad.

La mujer del vagón tiene su propio lenguaje encriptado, pero se pregunta si será o no un prejuicio pensar que no hay excepciones a la regla que dice que nada bueno puede esperarse de quien responda "Juan Salvador Gaviota" a la pregunta "¿Cuál es tu libro favorito?".


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Alguien parece interesante. De pronto dice: "¿Leíste El Código Da Vinci?".

Alguien parece interesante. De pronto dice: "Estoy descubriendo a un autor buenísimo. Se llama Paul Auster. ¿Lo conoces?".

Alguien se asombra: "¿Hermann Broch? ¿No será Brecht?".

Alguien tiene una enorme biblioteca de libros fabulosos y se nota, enormemente, que jamás ha tocado uno solo de todos esos libros fabulosos.

Alguien, en medio de una reunión banal, siente, de pronto, necesidad de declamar no soy de aquí, no pertenezco, y contrabandea nombres como Georges Perec, Stefan Zweig, Yasunari Kawabata, Felisberto Hernández, y tuerce la boca con desprecio cuando alguien dice "Murakami".

Alguien deja sobre la mesa de la sala, simulando una pila casual, una novela de Roberto Bolaño, un cómic de Art Spiegelman, dos ejemplares de The New Yorker, un libro de fotos de Diane Arbus.

Alguien responde, a la pregunta por su libro favorito, "El cazador oculto", y alguien piensa que es una respuesta obvia: un típico título de principiante.

Alguien responde, a la pregunta por su libro favorito, "El país de las sombras largas", y alguien piensa "Ada o el ardor", pero no dice nada, y sonríe, y siente que está bien: que no le importa.

Alguien entierra, tapia, esconde sus libros para salvarlos de la perdición, del fuego.

La mujer, ahora, se pregunta en qué momento los libros se transforman en banderas: en declaraciones de principios.


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Formas eficaces de saber: lectores que sienten pánico -y la boca seca y una parálisis en el costado izquierdo y serias dificultades para respirar- cuando alguien les pregunta "si tuvieras que salvar un solo libro de un naufragio, ¿cuál sería?"; lectores que rechinan los dientes -y sudan y ensayan una sonrisa tiesa y piden por favor un vaso de agua- cuando alguien les pregunta "si no pudieras releer más que un solo libro durante el resto de tu vida, ¿cuál sería?"; lectores que sueñan que su biblioteca se inunda y que, mientras nadan en un mar de pulpa de papel, hunden los dedos en cubiertas que se deshacen como mantequilla: lectores que despiertan aullando. Formas eficaces de saber: el grado de envenenamiento, la dependencia del elemento tóxico.


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Bibliotecas organizadas por nacionalidad -literatura rusa, francesa, española, mexicana-; por editoriales -Anagrama, Siruela, Tusquets, Fondo de Cultura Económica-; con estantes acusatorios de libros no leídos; plagadas de libros propios en espacio central y en primer plano. Bibliotecas que reflejan a lectores prácticos, decorativos, culposos, egomaniacos.


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Libros, instrucciones de uso: declarar en público que no se ha leído el Ulises y mucho menos En busca del tiempo perdido (eso, que era antes inconfesable, ahora se lleva mucho porque habla a las claras de alguien que ha leído tanto que puede declamar esa ignorancia sin ser tildado de bestia). No decir nunca nada malo sobre La conjura de los necios, de John Kennedy Toole (la misma regla es válida para cualquier título de Hunter Thompson, si se está en compañía de periodistas jóvenes). Evitar las siguientes discusiones, por peligrosas, con parejas queridas o amigos entrañables: a favor o en contra de American Psycho, de Breat Easton Ellis; a favor o en contra de Las partículas elementales, de Michel Houellebecq; a favor o en contra de Las Correcciones, de Jonathan Franzen; a favor o en contra de Las benévolas, de Jonathan Littell. Mencionar, en cualquier reunión, al menos una vez a Berger, a Sebald, a Pessoa. Decir, cuando se tenga ocasión, que Sándor Márai es aburrido. Decir, con la vista perdida en el fondo de un vaso, que Truman Capote era manipulador. Decir, con un suspiro, que las novelas de Cortázar envejecieron mal, pero que en cambio, ah, sus cuentos.

La mujer se pregunta por qué todos los fotógrafos argentinos parecen haber leído Zen en el arte del tiro con arco, del alemán Eugen Herrigel; todos los arquitectos chilenos a Rimbaud; todos los músicos latinos a Castaneda. Se pregunta de dónde vienen, en qué momento se aprenden esas reglas.


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Llevar bajo el brazo, al primer encuentro con un desconocido, un ejemplar de La tierra baldía, de T. S. Eliot. Llevar bajo el brazo, al primer encuentro con un desconocido, el Gödel, Escher, Bach, de Douglas R. Hofstadter. Llevar bajo el brazo, al primer encuentro con un desconocido, Armonía celestial, de Peter Esterházy. O El oficio de vivir, de Cesare Pavese, o Luz de agosto, de William Faulkner, o las Confesiones, de San Agustín, o La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz, o Viaje al fin de la noche, de Louis Ferdinand Celine, o Noche sin fortuna, de Andrés Caicedo, o El mundo según Garp, de John Irving. Esa sutil demarcación del territorio, esa forma de decir, sin decirlo, soy elegante y levemente trágico, soy específico, soy muy sofisticado, soy tan oscuro que casi adolescente, soy clásico, soy bien distinto, soy muy moderno, ojo conmigo, soy enterado, soy muy feliz.


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Sea como fuere, esto sucede una y otra y otra vez: la alegría infantil de sumergirse en una conversación inesperada con un completo desconocido para descubrirse, horas después -y bajo toneladas hipercalóricas de "¿leíste a tal?". "¡Sí! ¿Y leíste a tal?". "¡Sí! ¿Y leíste a tal?"-, pensando que ése, sí, es el comienzo de una gran amistad.

Y, sea como fuere, esto sucede, una y otra y otra vez: la felicidad íntima de coincidir en Lorrie Moore, en Julio Ramón Ribeyro, en Rohinton Mistry, en Scott Fitzgerald, en los siete pilares y en toda su sabiduría y entender -una y otra y otra vez- que todos esos libros no son una lista arbitraria de amores y rechazos, una demostración de habilidades, la insidiosa bruma de un prejuicio, sino la contraseña que permite reconocer a otro habitante de una patria terca en la que, de todos modos, nunca ha vivido mucha gente. Y quizás, piensa la mujer, por eso importa. Porque los libros son una forma de decir no me confundan. Ésta soy yo. En estas cosas creo. Ésta es mi patria.

jueves 12 de noviembre de 2009

Un apunte de Carlos Franz sobre los fans "adolescentes" de Bolaño

"¿Quién les dirá a los bolañitos que, en vez de venerar el libro de B., hay que estudiarlo, deshojarlo, desmenuzarlo, abusarlo y hasta torturarlo, hasta que cante, hasta que suelte —o no— el secreto de cómo lo hacía ese gran “hijo de puta” para escribir tan bien?"


“Una tristeza insoportable”. Ocho hipótesis sobre la mela-cholé de B, en Bolaño salvaje (Edición de Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón Patriau).

lunes 9 de noviembre de 2009

La primera noche

El poeta del kimono se revuelve en su ataúd y grita: La poesía no existe. La poesía no existe. Las manos le tiemblan como si tocara las maracas. No existe. No existe. La poesía no existe. Tú tampoco wey, ya cállate y deja dormir, dice el vecino de al lado. El poeta del kimono se pone chungo y entonces comienza a canturrear lo de Mecano: Hoy no me puedo levantar. Hoy no me puedo levantar.

sábado 7 de noviembre de 2009

Textículo no apto para millonarias

Tras una vida de opulencia y escuelas de monjas, la nena comenzó a viajar entre provincias. Desde el descapotable rojo divisó el uniforme paisaje en obra negra. ¿Cómo-se-le-llama-a-eso-daddy? Candorosacasasgrisesseprecipitabanentrecerrosdispares Pobreza, dijo el otro. La ciudad terminaba unos kilómetros adelante.

viernes 6 de noviembre de 2009

Póstumo

La semana pasada salieron a la luz —por fin— las obras completas del poeta del kimono. Los rumores apuntan que al morir trabajaba en su haikú más ambicioso, con el que habría sumado cuatro. Ya se escriben varias tesis al respecto.

jueves 5 de noviembre de 2009

Textículo del uno más

123 está encabronado y con razón. En el aeropuerto lo hacen pasar bajo el detector de metales. Como es natural, después de sonar, lo cachean. —¿Qué trae ahí? Le pregunta el guardia de seguridad mientras intenta encontrar el arma oculta y señala a la entrepierna. 123 contesta flemático: —El pito. Luego muestra la charola que lo acredita como funcionario y sale.

domingo 1 de noviembre de 2009

Son Montuno para Juan Bautista

Oye Salomé, perdónalo... perdónalo... perdónalo...

Textículo para paliar la tristeza

Como aún no se siente poeta ni tiene kimono, al poeta le da por cantar todas las tardes para no deprimirse. Engola la voz y entona: Aserejé ja de jé de jebe tu de jebere sebi nouva majabi an de bugui an de buididipí. Baila hasta caer rendido y sudoroso. Luego se toca. Y duerme.

viernes 2 de octubre de 2009

Mudanzas

Para Alejandra Ramzahuer, que viaja.
Para mis compañeros de la Fundación Antonio Gala, en el viaje compartido.


Mientras me dispongo a escribir, busco entre la música de mi computadora, Dios nunca muere. Ordeno en la lista de reproducción Pinotepa y la Canción Mixteca. Yo nací veracruzano, pero hijo de padre oaxaqueño, de esas noches oaxaqueñas que enamoran y hacen que a uno se le quiebre la garganta mientras mira hacia Antequera desde el cerro. Abro una cerveza y veo a mi alrededor, las bocinas producen un sonido potente que reverbera sobre las paredes ya vacías. Los estantes se han ido vaciando de libros. El armario no tiene ya ropa. Sobre el pasillo de entrada las cajas estibadas son el cementerio temporal de los últimos tres años. Sólo queda una litografía de Pollock, Lucifer, frente a mi cama, y otra de la etapa precubista de Picasso allá en la sala. Pienso en un poema de Fabio Morábito: “A fuerza de mudarme he aprendido a no pegar los muebles a los muros, a no clavar muy hondo, a atornillar sólo lo justo.” También en un vallenato colombiano: “Los caminos de la vida no son como yo pensaba, no son como yo creía, no son como imaginé.” Por vicisitudes del tiempo y del espacio he debido mudarme once veces desde que salí de la casa paterna. He aprendido en consecuencia a optimizar espacios, a etiquetar cajas, a emprender la huida con cierta comodidad, a respetar, como quiere Morábito, “las huellas de los viejos inquilinos, un clavo, una moldura, una pequeña ménsula que dejo en su lugar aunque me estorben.”

Pienso en el viaje que estoy próximo a realizar y recuerdo, mientras escucho la Canción mixteca en un acto lúdico-premonitorio, el movimiento shandy que con hilarante maestría narra Enrique Vila-Matas en la Historia abreviada de la literatura portátil. “Sólo buscaban viajar contándose historias”, escribe. Dos eran los requisitos para ser un shandy: un alto grado de locura y una obra que “no fuera pesada y cupiera fácilmente en un maletín, la otra condición indispensable sería la de funcionar como una máquina soltera”. El siempre polémico César Aira declaró hace poco que entre más páginas tiene un libro, menos literatura hay en él. Eso borra de un plumazo a Joyce y Mann, a Proust y al recientemente mitificado Stieg Larsson, pero lo cierto es que, estemos de acuerdo o no con el escritor argentino, no podemos negar que en un mundo que tiende a la reducción, a la portabilidad y al consumo, cada vez son más quienes cumplen con los requisitos para ser un shandy vilamatiano. No obstante, hace falta esperar un poco para que toda la brevedad que pulula ya en las editoriales y en las librerías, se depure y soporte la maleabilidad del tiempo para dar paso a la buena literatura, más allá del embuste y del debate entre las nuevas formas y la tradición, de los experimentos vanguardistas. Toda tradición fue alguna vez una ruptura.

Vivimos hoy el tiempo de la portabilidad como una de las bellas artes, pienso al seleccionar las escasas pertenencias que de acuerdo al peso permitido, podré llevar en mi equipaje. Es portable la computadora, el teléfono, el reproductor de música. El iPhone es tataranieto de la sinfonola, mientras que el e-reader y Amazon se disputan en los genes la herencia de Gutenberg. La literatura se transformará también, será portable, eso es seguro, pero seguirá viviendo para los que buscan recrearse o encontrar consuelo, conocimiento o simple diversión, viajar leyendo en tren, avión, o en el pesero, aún a riesgo de que se desprenda la retina. Siempre existirán lectores mientras existan viajeros, porque viaje y literatura forman una dualidad indisoluble. Uno emprende el arte del vagabundeo a causa de las pretensiones, tal vez románticas, de saber leer el mundo.

Durante las once mudanzas anteriores he perdido libros, he dejado atrás amigos, maestros, deudas. Con cada nuevo sitio pisado he ganado otros amigos, otros maestros, nuevas deudas impagables. Atesoro las enseñanzas de Teresita Acosta, de Jaqueline Jongitud y Francisco Tejeda Uscanga, la corrección despiadada y mordaz de Guillermo Samperio, el humor tlacotalpeño de Germán Dehesa, la sapiencia verbal de Gonzalo Celorio y la maestría política de José Luis Lobato. Este texto es pues, un texto agradecido y cariñoso, es también para Mariela y Andrés y Socorro; para Mojica, Gaona y Zara Bravo; para Pácatelas, Dámaris, La negra, Cañandonga, Leonor y Carmen Junco; para Óscar, Saúl, Guillermo, Adriana y Estrella; para Zama, Paty Fernández, Yacami, Brenda, Michelle, Jaime, Héctor Luis, Carlos Quijano, Ana Martha, Rosalía y Tere López; para Leobas, Fernanda y Amaury; para el Gordo y Carlos, Gabriel, Carmen, Juan Pablo, Cynthia, Mariana y Vanessa; para Tannia, Ricardo, Edith y Diana Alondra; para Abi, Ana, Alma Columba, el Fay, Ricaño, Noé Morales, Brenda y Daniela Bojórquez; para Malú y el viejo, que nunca se fue, por todo lo que les debo. Y a los que no están también, por omitirlos, más les debo todavía.

Con cada mudanza además he obtenido lecturas, libretas garrapateadas e incertidumbre. Es esta última la palabra que define al viaje, a la mudanza. “El viajero, el escritor –cito a Sergio Pitol en su arte de la fuga–, sólo tendrán certeza de la partida. Ninguno de ellos sabrá a ciencia cierta lo que ocurrirá en el trayecto, menos aún lo que le deparará el destino al regresar a su Ítaca personal.” Nada sobre mi futuro sé. Me basta por ahora releer a Kavafis: “No encontrarás otro país ni otras playas, llevarás por doquier y a cuestas tu ciudad; caminarás las mismas calles, envejecerás en los mismos suburbios, encanecerás en las mismas casas. Siempre llegarás a esta ciudad: no esperes otra […]”. Pienso en las maletas, pesadas como Carstens, en el jet-lag y en la escasez de euros. El modo aleatorio del ordenador reproduce la Sandunga. No me tardo, cuiden el changarro.

lunes 21 de septiembre de 2009

Tekstos desde la Kómoda Web

Foto tomada del FB de Guillom

"Los condones que usan los enanos son una microficción", escribe el querido Guillermo Samperio a.k.a. Guillom, quien estrenó blog en febrero de este año y yo, como de muchas otras cosas, apenas me di cuenta. Guillermo, además de ser un maestro del cuento moderno (diría sin temor a exagerar que es nuestro Carver) es un acerado escritor de microficciones, haikús y otras formas poéticas intensas. Aquí la dirección electrónica, con la incitación a su lectura: http://www.guillermosamperio.blogspot.com/

lunes 14 de septiembre de 2009

Textículo insólito que explica las incomprensibles razones de la vida política y de la suerte como una de las bellas artes

Fue tan mal secretario particular, que su jefe decidió hacerlo diputado.

miércoles 9 de septiembre de 2009

Casa chica

Hoy abrió sus puertas este portalito de cal y arena: www.labamba.com.mx que será espacio de reflexión de y para los veracruzanos. Y también para los que no lo sean. Como todo mexicano debe tener su casa chica, les comento que tendré allí una columna que he intitulado "Lejos de Veracruz", por escribir de este lado, el de afuera.
Pronto además escribiré desde otra orilla, la española, donde seré residente de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores durante el período 2009-2010. Por lo pronto, agradezco a Luis Guillermo Franco la invitación para participar en este proyecto encomiable, donde cada viernes estaré colaborando con algunas reflexiones, crónicas, apuntes de viaje. Están todos cordialmente invitados. Vale.

lunes 7 de septiembre de 2009

Apunte concakafkiano

Anoche, mientras dormitaba viendo el noticiero de Televisa Deportes, alguno de esos brillantes analistas (creo que fue Arturo Brizio), al glosar el contundente triunfo de México frente a Costa Rica (potencia futbolera donde las haya, supongo) se refirió a lo difícil que se han vuelto los rivales "concacafquianos" para nuestra selección. Este tipo de comentaristas (Ricardo Peláez, El Perro Bermúdez, et. al.) se la pasan cometiendo dislates verbales al por mayor, pero en esta ocasión debo reconocer que la definición le queda "que ni mandado a hacer" al fútbol de estas tierras. Así mero, como lo oyen, este fútbol es, coincido, "concakafkiano". O cuasibeckettiano pues, pa' pronto.
PS. Dios salve a Giovanni y nos guarde de Belinda.

sábado 29 de agosto de 2009

Madrazos literarios I

En Argentina, como en el Eclesiastés, vanidad de vanidades, todo es vanidad. Hace poco, en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil (2009), César Aira se aventó esta declaración no menor: "Mientras más grueso es un libro, menos literatura tiene". Ahora, en la presentación de sus Cuentos Completos, ha sido Rodolfo Fogwill quien se ha aventado a repartir madrazos y autoelogios.

La revista Ñ publica esta semana un texto en el que Fogwill se lanza así:

"Discípulos: hace muchos años que tengo un solo alumno. Casi nunca falta, siempre paga y parece ir envejeciendo a la par mía. Soy yo, su manager, mi preceptor, su personal trainer, mi mentor secretísimo. Le enseño y él aprende y olvida a la par."

Y ya encarrerado escribe sobre las novelas malas:

"Caí en la trampa mediática: comencé pensando sobre literatura y a poco de empezar ya estaba escribiendo acerca de novelas. Héctor Viel Temperley y Juan Gelman han escrito no menos de diez libros verdaderos y buenos sin infligirnos siquiera una sola novela y ninguna novela mala. Ignoro qué significa "novela mala". Ha de ser algo así como la electricidad, una cosa imprescindible, que todos usamos, que muy pocos podrían definir qué es y muchos menos alcanzar a entender lo que significa para la vida habitar un mundo dependiente de ella. [...] En las mismas semanas en que se distribuyó la obra completa del poeta y narrador Ricardo Zelarayán, las subsidiarias locales de las dos editoras más importantes de la lengua –Alfaguara y Mondadori– imprimieron en la Argentina réplicas de sus grandes apuestas del año, la primera novela del naïf americano Nathan Englander y la cuarta del argentino radicado en España Andrés Neuman. Han de haber impreso con estos productos toneladas de papel de buena calidad –árboles: ¡Arboles!– y algo de eso se venderá en librerías a razón de ciento veinte pesos el kilo, gracias a que los principales suplementos literarios han impreso, –¡Y a color!–, no menos de dos toneladas de papel de baja calidad con reportajes y crónicas de las andanzas de ambos autores y con críticas que mucho no difieren de las gacetillas de prensa de cada editorial. Un caso extremo se verificó entre el sábado 18 y el domingo 19 de julio pasados, cuando dos suplementos publicaron reportajes idénticos a Englander ilustrados con la misma fotografía (provista por el editor), y uno de ellos –el del domingo– lo anunció en su portada como "reportaje exclusivo" reproduciendo un diálogo telefónico en el que, a otras preguntas parecidas del empleado del diario del domingo, el pobre Englander daba las mismas respuestas publicadas en la víspera por un suplemento de los sábados. Es lo que hay. Los poemas de La obsesión del espacio que proyectaron a Zelarayán al centro de orientación de la literatura argentina fueron publicados en 1972. Era un año Puig, pero ya entonces también abundaban los Englander de su tiempo, gente que ahora, mientras se relee a Zelarayán y a Puig no figura ni en los catastros inmobiliarios de las pequeñas propiedades que compraron con sus éxitos de momento."

Más mesurado se nota cuando habla de sus procedimientos:

Cómo titular
¿Cuál será mi mejor título? En general se me conoce por Muchacha Punk, Los Pichiciegos, Vivir Afuera, Restos Diurnos y con Partes del Todo que no casualmente son cinco títulos pentasílabos. También se me vincula a tres libros a los que deliberadamente impuse un título heptasílabo: La experiencia sensible, En otro orden de cosas y Los libros de la guerra. Este último también me pertenece, pero al libro no lo escribí yo: lo compuso Francisco Garamona, de editorial Mansalva, a partir de varias resmas de fotocopias de diarios y revistas que circularon con mi firma y en cuyo rescate y agrupamiento contribuyeron la doctora María Pía López –gran atesoradora de cosas– y los infatigables Mica, Gustavo, Alejo y Sebastián. "Infatigable" también es un pentasílabo y, a la hora de titular libritos vale la pena detenerse a medir el número de sílabas y la ubicación de los acentos.

Acentos
Bien acentuadas, las sucesiones de cinco o siete sílabas, como las de once bien organizadas prometen un discurso más fluido que el que predomina en el habla y en el periodismo, aunque después el libro –como siempre me ocurre– termine frustrando cualquier expectativa de fluidez. Decía mi maestro que en la ficción hay que saber mentir bien desde el comienzo: el título. Mi maestro soy yo y por eso jamás titularía una obra "el presente", "el futuro" ni "el pasado" que, por tetrasílabos, en la lectura muda se oyen como dos nombres (Elfu Turo) ninguno de los cuales significa nada y, por simétricos (Tá-tá/Tá-ta) preanuncian una escritura tan moralista y escolar como los tiempos de conjugación verbales en los que se inspiran.

jueves 27 de agosto de 2009

Tres haikús postcoitales de César Matos

Voces de agua
Rostros del contrapunto
en el espejo

caraluna mar
arpegio trastocado
horror del tiempo

de acero el aire
llanto postcoital prau prau
desgarramiento

viernes 21 de agosto de 2009

Hotel de película

Próxima la mudanza, me ha dado por salir a recorrer mi barrio, a olisquear el peligro y reconocer los sitios por donde se pasea lo más selecto de Garibaldi. Muy cerca de la calle Incas, donde está el hotel Moderno (allí donde las goteras "La tía" y "La gorda" perpetraron el crimencito contra Espectrito y la Parkita) se encuentra este hotel, que ante la crisis y el shock económico anunciado por el secretario de Hacienda, así se promociona:



¿A qué se referirá? ¿Están pensando lo mismo que yo o soy el único de mente cochambrosa por aquí? Las interpretaciones posibles quedan a su consideración, lectores queridos. Desde luego, para tan exclusiva zona residencial, no podían faltar los baños V.I.P.:

Y ya por si poco fuera, me acaban de dar en la calle, una tarjeta de un antro-de-vicio-putrefacto-e-inmundo que reza: "En apoyo a la economía familiar bajamos nuestros precios. No pague propina de los meseros. No pague estacionamiento. No pague cover." No se pierdan las imágenes, pronto las subiré. Son, me parece, no sólo un elemento chusco sino una clave para descifrar la crispación económica y social que está meciendo a México.

miércoles 19 de agosto de 2009

Quiere cariño

Para Ana, Iván y Arturo, cofradía élfica.

Abordas. Diario malo despliega foto policroma. Encabezado letras grandes. Quiere cariño. Intentas penetrar ojos. Tristeza. Frivolidad. Vergüenza. Como si fuera posible saber. Fotochop encubre arrugas, estrías. Retoca. Realza. Disimula. Cuerpo estatua renacentista. Quiere cariño. No adjunta teléfono dónde preguntar. ¿Tienes servicio? ¿Cuánto por hora? ¿Vienes o voy? Soy modelo, no puta, pendejo, parecen decir pose artificial y rubia ídem. Sonríes. Quiere cariño. Sopor. Vagón abre puertas. Sales. Subes escaleras. Metro Bondojito. Cerrarán pronto. Anciana desdentada. ¿No gustaría pasar rato agradable, joven? Frío infame. Limosna siete pesos y sigues. Gasto equivalente a comprar pasquín donde rubia labios inyectados insiste. Quiere cariño.

domingo 9 de agosto de 2009

Dueños de la calle, de Élmer Mendoza

Este sábado, Babelia (EL PAÍS) publica un "reportaje" de Élmer Mendoza, que a continuación copypasteo (chéquense el verbajo que acabo de aventarme). Lo leo y siento en el autor la misma pulsión que tienen sus novelas, instrumentos acerados en la descripción, belleza, sí, belleza salvaje como escribiera Rilke. Frente a la violencia desbordada en ciudades como Tijuana, Ciudad Juárez o Morelia, donde sólo al amanecer se reportan más de diez cadáveres diarios, la Gomorra de Roberto Saviano debe parecer a los narcos mexicanos una blandenguería y la Camorra napolitana, un juego de niños. Dejo, sin más, la radiografía del narco de Élmer Mendoza:

Dueños de la calle. Las mujeres que los siguen son rubias, hermosas como flor que muta cada día. Las presumen como si hubieran leído a Enrique Serna: "Nadie puede decir que es hombre si no ha estado en brazos de una mujer bonita". Se mueven en hummers, avionetas y autos de lujo. Sus botas exóticas, camisas de seda, joyas y lentes de marca, valen miles de dólares. La policía se les cuadra. Los buscan los políticos y algunos futuristas les muestran proyectos increíbles. Tienen su música y lo mejor: no sueñan. Ni despiertos. ¿Para qué? Lo tienen todo.

Les gusta ostentar, que se sepa que llegaron o que están allí; que son los jefes, los que provocan las mejores sonrisas y los gestos aprobatorios más resueltos. Pagan la música y el trago, y escuchan solicitudes de ayuda. Hacen negocios en efectivo y son los dueños de la calle.

Caminan con paso seguro, sonríen como héroes; saben que nadie les llamará a cuentas. Una mitad de la gente pronuncia su nombre con desconfianza, la otra con admiración. Como pueden apostar, discuten poco. No tienen miedo a morir, por eso viven cada día como si fuera el último. No especulan: lo saben. Por lo mismo practican placeres eternos como el sexo, la gula, la embriaguez, la presunción o enviarle almas al señor. Son sumamente religiosos.

Los demás, los numerosos pobres, la perrada, saben que sólo siguiendo su ejemplo cambiarán de estatus; saben que el trabajo asalariado sólo enriquece a los patrones y correrán el riesgo. Quieren pasear en camionetas del año, que las chicas los admiren y que la policía se haga la vista gorda. El billete verde es el que vale. También son los que morirán pero tampoco importa. Dejarán suficiente para que se construya una tumba grande con columnas, una cúpula de azulejos verdes o naranja y un espacio donde luzcan sus fotos y sus objetos más preciados. A través del cristal de la puerta todos sabrán quién fue. Le compondrán corridos y la familia contará sus hazañas.

Se conversará de sus botas con punteras de plata, de sus cinturones pitiados y de sus camionetas cuatro por cuatro. De su temeridad y de sus chicas. De su pistola de cachas de oro y de su puntería. Qué importa que apenas supiera leer y hablara en monosílabos. Si se salva, será la sangre nueva, el que sabe jugársela y las balas le pasan rozando porque tiene pactos con Malverde, san Judas Tadeo y la Santa Muerte. También con la Guadalupana que no lo desampara ni de noche ni de día; por eso la trae tatuada junto a su mamá, porque madre sólo hay una. A poco no.

Delincuentes con este perfil infestan las ciudades. Toman sus calles y sus fiestas como un ejercicio del poder que les da el dinero y su poco respeto por la vida ajena. Sus armas son modernas, han oído que son trascendentes para la economía nacional y lo disfrutan. Todos los días son noticia y eso es estimulante. La relación con sus subordinados es vertical y cruel de ser necesario. Esta actitud, en los últimos tiempos, ha modificado la relación mesiánica que mantenían con el grueso de la población. La guerra los ha vuelto intransigentes y desesperados. Sanguinarios. Más selectivos con sus protegidos.

Sus rubias, que también son una expresión cultural, permanecen en sus casas contemplando su guardarropa. El hombre anda peleando o con una chiquilla de entrepierna más cálida. Son sustituibles y ellos tienen corazón de condominio. El par de hijos que procrean les garantizará estabilidad financiera mientras el hombre viva; después quién sabe.

La nota roja se ha convertido en el indicador de la clase de sociedad que somos: una sociedad con pocos valores, sin esperanza y condenada a vivir al día; y los jóvenes, ese estatus tan poco comprometido, eligen sus modelos, fácilmente optan por el principio de que vale más vivir cinco años como rey que cincuenta como buey. El universo del deseo tiene una línea y está muy bien definida. En poco tiempo puedes conseguirlo y perderlo todo, pero, ¿qué es la vida sin esa movilidad? Un sacrificio que no vale la pena. La Universidad hace años que dejó de ser opción y los trabajos decentes son para estar hambrientos. La decencia es carísima.

La guerra contra la violencia ha generado el culto a la declaración. Todos los días, funcionarios de cualquier nivel hacen declaraciones que nadie comprende y cuando se entienden dan risa, porque todo sigue igual, salvo los muertos que al final son un solo dolor, porque sicarios y soldados pertenecen a la misma clase. Han convertido el ajedrez en juego de damas.

Por otro lado, nada detiene la inmensa ola de sustitutos. Quince millones de jóvenes de entre 15 y 20 años esperan ser enganchados, entrenados y apostar a la única posibilidad que tienen ante la miseria lacerante. Piensan que así es como se vive la vida y van por ella. ¿Hay otra manera? No de inmediato. Parece que la delincuencia es el camino más seguro de gozar, aunque sea un poco, la calidad de vida de este tiempo. Los habitantes de rancherías y pueblos cuando triunfan jamás regresan a vivir entre los suyos; eso sí, patrocinan reparaciones de templos, escuelas y calles, pueden pasar un día por allí, beber una cerveza con la gente, comer un chivito y enamorar a la más linda, pero nada más. Donde hay que lucir y ejercer el poder es en los centros urbanos.

Ahora, sus conductas visibles son parte del patrimonio intangible. Al principio y durante muchos años fue un negocio con sus etapas; es decir, tiempos de bonanza o lo contrario; pero todo negocio ilícito se respalda en la muerte y ahora parece que matar es el primer plano. Lo que en José Alfredo: la vida no vale nada, era un pensamiento tal vez producto de una decepción amorosa o de una posible lectura de un soneto de Quevedo, en este tiempo se ha convertido en una postura ideológica frente a la posibilidad de matar o morir. Desde luego la temeridad de los jóvenes es superior a la generación anterior, en que los sicarios eran gente madura. De bigote, decían, que habían elegido ese oficio sin mayor emoción. Ahora es una forma de ser y de distinguirse en la tribu.

Las ciudades más golpeadas por la violencia son ciudades de jóvenes. Uno camina por sus calles y no se detecta ningún miedo. La mayoría de sus habitantes caminan con normalidad; eso sí, alertas, porque en cualquier momento puede llegar su oportunidad.

En América Latina, la marginalidad, esa manifestación de las periferias urbanas segregadas del progreso. Las asesinadas de Ciudad Juárez vivieron en una de ellas. Están cobrando caro su incorporación a la ciudad. En Buenos Aires, São Paulo, Río de Janeiro, Bogotá, Medellín, Lima, Panamá, Tijuana y Morelia, se escuchan historias de fuego, donde la violencia es cotidiana y los Gobiernos han perdido parte del control. Acabaron con la guerrilla, ¿por qué no han podido con los narcos? La respuesta no es, por supuesto, la del millón.

Como siempre, la violencia viste bien, come bien, duerme bien y tiene futuro. Además, ha generado una estética en la vida y en el arte y, por ahora, es parte de nuestra identidad.

miércoles 5 de agosto de 2009

Razones por las que no me gusta viajar en ADO

La señora gorda que se arrana al lado tuyo valiéndole madre que ocupe el 50% de tu asiento; el niño que llora enfrente o vomita o se caga; el don que se sube briago y va hablando pendejadas al por mayor; la chavita que se ríe como estúpida con las estúpidas gracejadas de la película chafa de Rob Schneider que parecen ser la regla en los autobuses; el baño que resulta terrible si además la comida le hizo mal a uno; la familia que decidió hacer la manducatoria en el trayecto y el respectivo olor a tacos, tortas, tamales, y, desde luego, los vecinos de asiento que se jetean y que nos regalan estas bellas instantáneas dignas de una película de David Lynch o de Kubrick.

Sí, ya sé, soy un intolerante y no me alcanza para mi jet privado. Además últimamente el cielo de México escupe LearJets. Y qué, y qué, y qué.

domingo 2 de agosto de 2009

Peter Stamm, puntillista


Mayúscula tristeza me producen los libros que van apilándose en las mesas o en estantes sin haber sido leídos. Junto con los libros deberían vendernos el tiempo para leerlos todos. No sé si esto lo he pensado antes o se trata de una cita intertextual que me juega una mala pasada. Pero los libros están allí, inertes, sin reclamarnos atención o cariño. De pronto, uno decide que ha llegado el tiempo de leerlos, o simplemente se interponen en nuestras listas de lecturas en una tarde de hastío. Esto me sucedió en días pasados, mientras guardaba libros en cajas para mi próxima mudanza. Encontré un libro que me regaló hace algunos meses Fernando López. Se trata de Agnes, del suizo Peter Stamm, publicado por la editorial Acantilado. No pretendo reseñar el texto sino simplemente esbozar algunas ideas que han ido surgiendo al leer este libro, y transcribir otras que han saltado como un imán frente a mí de entre sus páginas.

La lectura de Agnes es ágil y no tiene grandes exhibiciones de lenguaje. Stamm —quien es considerado dentro de los narradores contemporáneos de avanzada en la escena europea— tampoco apuesta por estructuras narrativas complejas. Se interesa en cambio en la compleja elaboración de sus personajes, seres desarraigados y embarcados en el viaje de la búsqueda, en pleno proceso de soltar amarras, lo que sea que esto signifique. Agnes, acepta el reto de convertirse en una historia fuerte desde su mismo título. Son pocas las novelas que en el título llevan el nombre de sus protagonistas. Pienso por ejemplo en Madame Bovary, de Flaubert, o en Santa, de Federico Gamboa, también en Otilia Rauda, de Sergio Galindo. He usado estos ejemplos de forma arbitraria, pero se trata de personajes fuertes, y cuya buena factura –de ello no hay duda– le ha permitido a sus autores intitularlas con su apelativo y no de otro modo.

Peter Stamm no admite concesiones en su historia. Conforme avanza la novela, el narrador nos sumerge en un juego metaliterario en donde la gran protagonista, más allá del personaje, es la literatura. Agnes ha muerto –nos dice al iniciar la novela–. Ha muerto por una historia.
Quizá el párrafo siguiente, que transcribo, sea una especie de esbozo en donde Stamm ensaya la configuración de su ars poética:

—Tiene que pasar algo que haga la historia más interesante—le dije por fin a Agnes.
—¿No eres feliz con lo que tenemos?
—Sí que lo soy—dije—, pero la felicidad no da para buenas historias. La felicidad no se puede describir. Es como la niebla, el humo, transparente y volátil. ¿Has visto alguna vez a un pintor que haya sabido pintar el humo?
Fuimos al Art Institute of Chicago en busca de un cuadro de la niebla o el humo, o una estampa con personas felices. Ante Un Dimanche d’été à l’Île de la Grande Jatte de Seurat nos detuvimos largamente. El autor no había pintado personas felices, pero el cuadro irradiaba una paz que se aproximaba mucho a lo que buscábamos. Representa la orilla de un río en una tarde de domingo. Se ven paseantes, y aquí y allá, entre los árboles de un prado, personas descansando. (1ª. ed. Ed. Acantilado, Barcelona, 2001, p. 64)

Y acto seguido nos habla del puntillismo creado por Seurat, precursor del neoimpresionismo:
Cuando nos acercamos, el cuadro se disolvió en un mar de minúsculos puntos. Se difuminaron los contornos, y los planos se confundieron. Los colores no estaban mezclados sino yuxtapuestos como en un gobelino. No había tonos blancos ni negros puros. Cada plano reunía todos los colores, que sólo a cierta distancia producían el efecto de un todo. (p. 65)

Así parece estar construida la novela de Stamm, sin grandes alardes literarios y con una técnica puntillista si se ve de cerca. Es sólo al contemplar el conjunto, cuando logra apreciarse la maestría de los planos yuxtapuestos, de los personajes que no han sido pintados con tonos contundentes sino en una aparente policromía —el medio pelo quizá— y que van afirmándose a la distancia. Por lo pronto, debo decir que la novela me ha cautivado, y que agradezco sin más el obsequio hecho por Fernando López, generosamente. Debiéramos regalar libros más a menudo, sobre todo en un país en donde la mayoría de su gente no lee ni en defensa propia.

martes 14 de julio de 2009

Sábado en Tlaxcoapan

El próximo sábado 18 en punto de las cinco de la tarde estaré charlando con Mijaíl Lamas (poeta y traductor) sobre las nuevas formas de lectura y tecnologías alternativas (blog, facebook, twitter, etc.) en un esfuerzo muy loable del municipio de Tlaxcoapan, Hidalgo, que ha organizado su primera Feria del Libro, que contará con invitados del Centro Nacional de las Artes, la Escuela Nacional de Artes Plásticas, la Universidad Autónoma de México, editoriales independientes y Colectivos artísticos. Ya sé que no les queda de paso y que no andarán por allá, pero me parece un esfuerzo admirable el que han realizado los organizadores, y la siempre entusiasta Bessie Cerón. Enhorabuena.

Feliz cumpleaños tigre

Hoy cumple 80 años el poeta mexicano Eduardo Lizalde. La obra de Lizalde está ya inscrita con letras de oro en la poesía mexicana. Su lectura es imprescindible y mucho debe la obra de los poetas "jóvenes" a este grande. El próximo domingo habrá un homenaje en Bellas Artes para celebrar su 80 aniversario. Allá nos vemos. Salud, tigre.
Un par de poemas del maestro:

AMOR

La regla es ésta:
dar lo absolutamente imprescindible,
obtener lo más,
nunca bajar la guardia,
meter el jab a tiempo,
no ceder,
y no pelear en corto,
no entregarse en ninguna circunstancia
ni cambiar golpes con la ceja herida;
jamás decir "te amo", en serio,
al contrincante.
Es el mejor camino
para ser eternamente desgraciado
y triunfador
sin riesgos aparentes.


EL TIGRE REAL, EL AMO, EL SOLO, EL SOL...

El tigre real, el amo, el solo, el sol
de los carnívoros, espera,
está herido y hambriento,
tiene sed de carne,
hambre de agua.
Acecha fijo, suspenso en su materia,
como detenido por el lápiz
que lo está dibujando,
trastornada su pinta majestuosa
por la extrema quietud.
Es una roca amarilla:
se fragua el aire mismo de su aliento
y el fulgor cortante de sus ojos
cuaja y cesa al punto de la hulla.
Veteado por las sombras,
doblemente rayado,
doblemente asesino,
sueña en su presa improbable,
la paladea de lejos, la inventa
como el artista que concibe un crimen
de pulpas deliciosas.
Escucha, huele, palpa y adivina
los menores espasmos, los supuestos crujidos,
los vientos más delgados.
Al fin, la víctima se acerca,
estruendosa y sinfónica.
El tigre se incorpora, otea, apercibe
sus veloces navajas y colmillos,
desamarra
la encordadura recia de sus músculos.
Pero la bestia, lo que se avecina
es demasiado grande
-el tigre de los tigres-.
Es la muerte
y el gran tigre es la presa.

martes 7 de julio de 2009

Bailó el chaneque
Todas las horas muertas
En el tejado

miércoles 1 de julio de 2009

Feliz cumpleaños Onetti



En definitiva, los astros son generosos en julio. Hace cien años nació en Montevideo Juan Carlos Onetti, nuestro Faulkner latinoamericano. Mientras en Uruguay se realizan múltiples homenajes en el centenario de este gran escritor, en México ni siquiera ha llegado "El viaje a la ficción", el libro de Vargas Llosa alrededor de la obra de Onetti. Aquí, a modo de homenaje, una rareza del catálogo de JC, uno de los tres poemas que escribió y que tiene sabor a tango, a tardecitas de Montevideo, a ese qué se yo, viste. Recordamos a Onetti de la única manera digna, leyendolo.

Balada del ausente*

Entonces no me des un motivo por favor
No le des conciencia a la nostalgia,
La desesperación y el juego.
Pensarte y no verte
Sufrir en ti y no alzar mi grito
Rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa,
En lo único que puede ser
Enteramente pensado
Llamar sin voz porque Dios dispuso
Que si Él tiene compromisos
Si Dios mismo le impide contestar
Con dos dedos el saludo
Cotidiano, nocturno, inevitable
Es necesario aceptar la soledad,
Confortarse hermanado
Con el olor a perro, en esos días húmedos del sur,
En cualquier regreso
En cualquier hora cambiable del crepúsculo
Tu silencio
Y el paso indiferente de Dios que no ve ni saluda
Que no responde al sombrero enlutado
Golpeando las rodillas
Que teme a Dios y se preocupa
Por lo que opine, condene, rezongue, imponga.
No me des conciencia, grito, necesidad ni orden.
Estoy desnudo y lejos, lo que me dejaron
Giro hacia el mundo y su secreto de musgo,
Hacia la claridad dolorosa del mundo,
Desnudo, sólo, desarmado
bamboleo mi cuerpo enmagrecido
Tropiezo y avanzo
Me acerco tal vez a una frontera
A un odio inútil, a su creciente miseria
Y tampoco es consuelo
Esa dulce ilusión de paz y de combate
Porque la lejanía
No es ya, se disuelve en la espera
Graciosa, incomprensible, de ayudarme
A vivir y esperar.
Ningún otro país y para siempre.
Mi pie izquierdo en la barra de bronce
Fundido con ella.
El mozo que comprende, ayuda a esperar, cree lo que ignora.
Se aceptan todas las apuestas:
Eternidad, infierno, aventura, estupidez
Pero soy mayor
Ya ni siquiera creo,
En romper espejos
En la noche
Y lamerme la sangre de los dedos
Como si la hubiera traído desde allí
Como si la salobre mentira se espesara
Como si la sangre, pequeño dolor filoso,
Me aproximara a lo que resta vivo, blando y ágil.
Muerto por la distancia y el tiempo
Y yo la, lo pierdo, doy mi vida,
A cambio de vejeces y ambiciones ajenas
Cada día más antiguas, suciamente deseosas y extrañas.
Volver y no lo haré, dejar y no puedo.
Apoyar el zapato en el barrote de bronce
Y esperar sin prisa su vejez, su ajenidad, su diminuto no ser.
La paz y después, dichosamente, en seguida, nada.
Ahí estaré. El tiempo no tocará mi pelo, no inventará arrugas, no me inflará las mejillas
Ahí estaré esperando una cita imposible, un encuentro que no se cumplirá.

sábado 20 de junio de 2009

LaChapelle en San Ildefonso


No, no vayan a verlo. Ya se fue. Estuvo desde febrero y como siempre, uno posterga todo hasta el límite. Los trabajos pendientes, la llamada escabrosa que debe uno hacer pero no hace, el ejercicio, los libros que se apilan en el estante sin fin. Esa manía de procrastinar todo, todo el tiempo. El caso es que el domingo pasado -el último día de la exposición- decidí ir a ver la muestra fotográfica "Delirios de la razón" de David LaChapelle en San Ildefonso, el mismo San Ildefonso de muros rojos que escribió Paz, "son negros y respiran". Ya querría ensayar en torno a lo que hace LaChapelle y también en torno a San Ildefonso, particularmente alrededor de "El generalito", esa gloria del barroco universitario que está allí silencioso e imponente. Pero por ahora, sólo quiero mostrar algunas de las fotografías de este fotógrafo estudioso y admirador de las obras de Rafael y Miguel Ángel. No puedo apartar de mi mente a Courtney Love posando como La Pietá con un modelo en brazos que hace las veces del difunto Kurt Cobain. Clávense en las texturas máistros.



















viernes 19 de junio de 2009

Exterminio

Estaba harto de la plaga deambulando por la casa a todas horas. Será una lucha sin cuartel, pensó, será una lucha larga. Quizá en el camino se pierdan algunas vidas colaterales, grillos, mosquitos que a nadie hacen daño, incluso moscas y arañas inocentes, pero tendrá sentido. Entonces comenzó el exterminio. Apenas al segundo día el insecticida se acabó tras un par de rociadas en el baño, pero una ida al Wal-Mart bastó para que se avituallara con lo necesario, espray de todos tipos y un par de velas aromáticas para alejar los olores insoportables del insecticida.

En la primera semana de fumigaciones cayeron unas cuantas cucarachas de tamaño mediano. El horno del microondas se averió tras descubrir que el tablero era el escondite de una cucaracha de las grandes que justo en el momento de la irrupción del aerosol, se dio a la fuga. La mano justiciera no quiso perseguirla porque en el camino estaban las tortillas, los huevos sobre un cesto, la bolsa de pan de caja y el frasco de la mermelada. Por la noche soñó que construía una cárcel para cucarachas justo debajo de su cama y se sintió el can Cerbero custodiando a sus víctimas. Luego el penal comenzó a sobrepoblarse bajo sus espaldas, vio a los insectos amotinarse, masa vertiginosa estallando mientras la más chingoncita de las cucarachas escapaba y a él se lo comía la legión de bichos allí, sobre su cama.

Ante los embates vigorosos, las cucarachas se vieron forzadas a cambiar de estrategia. Decidieron anidar en el cajón de los cubiertos, adonde el aerosol no llegaba, como si se tratara de un campo para refugiados. Parecían haber invocado a la Cruz Roja Internacional y a los Convenios de Ginebra. Las muy astutas gozaban de inmunidad y seguían causando estragos y bajas. En medio de una iracunda persecución, el tostador cayó de la alacena, quedando inservible. Al día siguiente, dos moscas víctimas de levantones, amanecieron flotando en las aguas heladas de la cafetera. Al lado, una servilleta con heces de cucaracha cumplía la función semiótica de mensaje velado que estremeció sobremanera al hombre. Supo entonces que no había remedio. Salió muy temprano y nadie volvió a verlo. En el cajón de los cubiertos, los cuchillos reían a coro.

domingo 14 de junio de 2009

Sangre


listening to the terror through the wall
Allen Ginsberg, Howl, I.

Dos treinta de la madrugada. Despierto agitado. La pesadilla ha sido espeluznante. Mi cara está bañada en sudor. No es sudor, me toco, tengo la viscosidad de la sangre sobre el rostro, un hueco en el estómago, sangre, mucha sangre. Tengo el cuerpo completo empapado en sangre. Me levanto de la cama, de esta mi cama, me arrastro sobre el borde y quiero despertar pero no puedo, voy hacia el interruptor de la luz, pero la luz no se enciente. Abro la puerta y sigo caminando ensangrentado, me he limpiado la cara con un pañuelo desechable y no sé, no puedo ver si es sangre o no, camino hacia el pasillo, la luz del pasillo tampoco prende, entro al baño y puedo verme en la penumbra goteando, pero tampoco es posible encender la luz del baño. Voy a la sala, las luces de la sala, de esta mi sala –rodeada de ladrillos rojos- no prenden. Me acerco a la estufa, la lumbre está prendida, pero con todo y que la lumbre está prendida, yo no logro verme a la cara ni ver mis dedos, nada; me asomo por la ventana pero en la ventana ya no es esta mi casa sino otra casa que también tiene ladrillos rojos –como aquellas casas de las cuadrillas del ferrocarril que recuerdo haber visitado en Villa Azueta-. Afuera hay una lumbre que parece fuego fatuo, pero no hay luces. Intento acercarme a la lumbre de la cocina y paso por una puerta que ya no es ninguna puerta de esta mi casa, me asomo y veo al fondo una puerta abierta, es la puerta abierta de par en par de la casa de mi madre. En la casa de mi madre hay dos sillones, los sillones que hizo el abuelo, están sobre la puerta obstaculizando la entrada de la puerta, pero la puerta está abierta y afuera está amaneciendo. También está la hamaca en donde descansaban mi madre y mi padre, y en donde descansaba yo también cuando iba de visita. La puerta, pienso, se ha quedado abierta y yo estoy durmiendo con la puerta abierta. Intento entonces ir a cerrar la puerta. En el patio ladra un perro que no es mi perro, se escucha como un mastín, y ese perro ladra enfurecido y yo pienso que hay alguien acechando la casa en el patio, ese patio de la casa y que no es el patio de mi casa, pero es, entiendo mi casa, y entonces el perro ladra y yo me preocupo con la preocupación del quien anda allí y voy y aseguro la puerta del patio. No alcanzo a ver sino la sombra de alguien que se desliza por la puerta de la entrada a casa. Intento cerrar la puerta, estoy cerrando la puerta cuando empieza una música, no es en vano decir que mis sueños usualmente tienen música y cuando despierto tarareo esa música y recuerdo la letra. Pero esta vez se trata de una música sacra, una música sacra salida como de un cuento de Poe, terribilísima. Está amaneciendo, mi tía Herme viene llegando y entiendo que mamá no está en casa y ella, como siempre que mamá no está en casa, viene a cuidar la casa. Siento un alivio tremendo y le digo qué bueno que estás aquí, pasa. No sabía que habías venido hijo, dice –rarísimo aquello porque ella no dice nunca hijo sino motatito– y yo le digo sí, hace días que llegué, cuánto tiempo tiene que mamá no está aquí, pregunto y ella me dice una semana y entonces comprendo. Me acerco a la puerta, ella pasa y yo me tranquilizo, siento paz, una serenidad hermosa de saber que ella está ahí y que. Y entonces deja de importarme si alguien más ha traspuesto el vano de la puerta y me acerco y voy hacia ella para abrazarla, para calmar mis temores de pesadilla, porque yo sé que es una pesadilla. Ella dice: ¡Ay! Esa música que estás escuchando es una música de miedo, es una música como de pesadilla, y yo no entiendo por qué a mi tía esa música no le gusta, es una misa de réquiem, indudablemente es una misa de réquiem, pero no es ni Verdi pavoroso ni Mozart masónico ni Fauré esperanzador. No conozco esa misa de réquiem. De pronto, es de una benevolencia inconmensurable, misa oficiada por un dios misericorde y enano que acaba afeando el concierto. Voy hacia el estéreo y lo apago. Entonces despierto, y tras unos segundos que me parecen minutos, tomo el vaso de agua que descansa sobre el buró, me siento sobre el colchón, tomo un poco de agua, regreso el vaso al buró pero me equivoco y el vaso cae derramando el agua y me empapa el pijama. Siento el líquido correr por mis piernas como si fuera sangre, como en la pesadilla. Enciendo la luz y entiendo que no podré dormir más hasta que le cuente el sueño a alguien, que es esta grabación que estoy haciendo mientras el recuerdo del sueño me oprime y me pregunto qué fue lo que causó ese sueño pavoroso si he cenando ligero, he leído Los premios, de Julio Cortázar, antes he terminado la Breve historia de la revolución mexicana de Silva-Herzog. Intentaré volver a la cama, ya he monologado un buen rato en silencio.

Monetarista


El camino es polvoriento y hace un calor de canícula veracruzana. De lejos nos sigue un perro pequeño. Voy enojado porque no puedo entender cómo mi padre pudo engañar a mamá, si además de todas sus virtudes, ya está muerto. Lo he reconvenido, he estado a punto de golpearlo. El perro, que ya se acerca, es corriente y está, como dirían hoy los organismos de derechos humanos, en situación de calle. El perro nos empareja el paso, ladra. Pienso en que a mí me gustan los perros grandes y me exasperan los perros miniatura al tenor de cuidado-con-el-perro... no-vayas-a-pisarlo. Los ladridos se vuelven constantes mientras el perro anda y me mira de lado. No soporto más, visualizo su cabeza como un balón de americano y girando sobre mi eje le propino un tremendo patadón en la mandíbula. El perro se aleja lloriqueando. Nomás quería pa’ sus chelas, dice mi padre. Su voz es ahora tan triste como antes lo fueron sus ojos. Despierto.


Espresso y gelato

La tarde tiene el rubor de los incendios venecianos. Pero quizá no sea Venecia sino Roma. Una plaza empedrada romana con un apacible café, aunque los cafés romanos no lo sean. De pronto una gorda prófuga de un filme de Fellini sale gritando, saludando a alguien o anunciando el postre que te sirve. Siempre he tenido la impresión de que si hay suerte incluso se armará la balacera propia de una vendetta entre mafias. No, tampoco es Nápoles, pero este café apacible tiene una terraza en donde uno puede sentarse a ver pasar a las naturales italianas y a los tipos que se pasean en motos viejas como en los mejores comerciales de Scapinno. Aquí estoy, tomando un espresso doppio y pensando, reposando. Enfoco a la mesa de junto. Tres italianos toman café con parsimonia, como hace uno cuando sabe que alguien lo observa. No hablan entre sí. No se miran. Toman su café y se acaba el cuento. El sueño podría ser de lo más normal si la cámara cinematográfica que acompaña mis dispersiones nocturnas no abriera la toma y mostrara al cuarto acompañante de los italianos, un espigado Piccolo Levriero negro que, sentado a la mesa, cruza una pierna sobre su rodilla con esa elegancia que aquí hasta los galgos tienen; toma con dos dedos un espresso y luego hunde una canelita en su gelato para después llevársela al hocico lentamente. Entonces despierto. Pienso que en definitiva necesito ir a psicoterapia.

viernes 12 de junio de 2009

PROMETEO (Un poema de Renato Leduc)

El siempre gentil Mijaíl Lamas me hizo llegar hace unos días este poema de Renato Leduc (1934), que aquí reproduzco para deleite del respetable. Panistas y socias del Club de Escritoras de Xalapa absténganse.


ACTO I

PROMETEO, CRATOS, HEFESTOS

CRATOS
(a Prometeo)

Por fin hemos llegado
al siniestro confín de Recabado.
Tú, padrote de de putas miserables,
quedarás enclavado en esta roca,
un chancro fagedénico en tu boca
dejará cicatrices imborrables.

(a Hefestos)

Y tú, cojo cabrón, ya palideces
como si fueras a correr su suerte.
Átalo pronto, que si no, mereces
¡oh! ¡pendejo inmortal, que te dé muerte!


HEFESTOS
(para sí)

Yo no tengo la culpa de apreciarle,
juntos corrimos memorable juerga.
¡Oh miseria! ¡Oh dolor! Tener que atarle
de pies y manos, de pescuezo y verga.

CRATOS

¿Acabarás por fin con la tarea
que Zeus te encomendó...?

HEFESTOS

¡Que yo no vea
realizarse mis fúnebres temores...!

CRATOS

Déjate de lamentos y clamores
y di ¿qué es lo que temes insensato?
¿acaso quieres que valor te preste?

HEFESTOS
(profético)

Que no te llegue el doloroso rato
que estás haciendo padecer a este;
que tu pene inmortal no se convierta
en huachinango con la boca abierta;
que tu miembro viril erecto y seco
no escurra nunca pasta de pebeco.

CRATOS

¿Qué palabras fatídicas brotaron
del cerco de tus dientes, desdichado?
Jamás los vaticinios me asustaron
porque el ánimo tengo bien templado.
No cumplida verás tu predicción
yo nunca voy con putas de a tostón.
Además, en las aguas del Pocito
invunerable se volvió mi pito.

HEFESTOS

No te jactes, ¡oh Cratos!, del telúrico
miembro viril que te obsequió Natura,
mira que hay chancros de ácido sulfúrico
que polvo vuelven a la piedra dura.

CRATOS

No me asustas, no soy de tus pendejos;
abstente de dictar nuevos consejos
y acaba de forjar esas cadenas...

HEFESTOS

Bien forjadas están, mayores penas
sufren quien forja que quien solo manda
con duro acento...

CRATOS
(a Prometeo)
...Anda
Titánida feroz, lleno de dolo,
¡decláranos la guerra!
Desciende hasta la Tierra
donde viven los hombres cual lombrices
y enséñales placeres que tan solo
reservados están a los felices.
Si a las efímeras piedad te mueve,
enséñalas a hacer sesenta y nueve.


Titánida feroz, lleno de dolo,
aquí te vas a ver jodido y solo,
que las putas de lengua articulada
nada pueden hacer, no pueden nada...
(vanse)



ACTO II

PROMETEO, HERMES, CORO DE OCEÁNIDAS


PROMETEO
(encadenado se dirige a los elementos)

Éter sulfúrico, bebidas embriagantes,
claros raudales de tequila Sauza;
Vedme sujeto a pruebas torturantes
y sin saber siquiera por qué causa!
¡Oh twenty dollars coin que ruedas mansamente
por el tapete azul del infinito;
vástago de Hiperión, dios igniscente
apaga los ardores de mi pito!
Tú, que brindas tu luz a los mortales
cual cerúlea linterna,
mírame padecer horrendos males...
Como la Hidra de Lerna
llevo en mi sangre gérmenes fatales.

Tierra nutricia, asfalto de la calle,
soñoliento gendarme de la esquina,
impide que la inquina
de Zeus Cronida sobre mí restalle
(escuchando un batir de alas que se aproxima)
Alguien viene. ¿quién es? ¿baja del cielo
un inmortal para tomarme el pelo?

CORO DE OCEÁNIDAS

Desdichado titán, hemos venido
veloces desde el fondo del Océano
para tenderte una piadosa mano
en el momento en que te ves jodido.

Relátanos por qué quiso el Cronida
tenerte así, con la cabeza erguida
con los brazos en cruz y ¡oh cruel tirano!
con un falo metido por el ano.

Refiérenos también, uno por uno,
los pormenores de tu cruel suplicio.
¿Por el chiquito te cogiste a Juno?
¿Rompiste sin querer el orificio
ambrosiano y sutil, por donde mea,
a la divina Palas Atenea...?

PROMETEO

¡Oh, prole innumerable de Pánfilo Zendejas!
Ya que piadosas escucháis mis quejas,
ya que venís del fondo del Océano
para tenderme una piadosa mano,
os voy a referir por qué delito
quiso el Cronida cercenarme el pito.

Los hombres miserables por el monte
vagaban, persiguiendo a las mujeres,
y su coito tenía los caracteres
que tiene el coito del iguanodonte.

Yo los vi cohabitar en las cavernas
sin un petate en que tender las piernas,
sin otra almohada que la roca dura.
Tan solo conocían una postura
para efectuar el acto del amor...

Transido de dolor
yo enseñé a los mortales industriosos
cuarentas y sesis maneras de joder.

Sabiamente les hice comprender
que en esto de los lances amorosos
se llega al non plus ultra del placer
dando cierta postura a la mujer.

Por mí supieron que el sesenta y nueve
obedece a las leyes del Clynamen
porque yo lo enseñé, ahora mueve
cualquier mujer el blando caderamen.

Mi enseñanza cundió por el Urano
y jodieron hermano con hermana
y los dioses sintieron en el ano
"una sensual hiperestesia humana".
Tal es, dulces deidades, mi delito;
tal es el crimen de que se me acusa;
por él se quiere convertirme el pito
en una inútil cafetera rusa.

OCEÁNIDA

Desdichado Titán, te he de decir
que por falta de pene no habrás mengua.
Confórmate que allá en le porvenir
lo que habrás menester será la lengua.

PROMETEO

Si me hubiera tejido la puñeta
no sintiera el dolor de que taladre
mi canal uretral la espiroqueta...
(a Hermes que llega)
Mensajero fatal ¡Chinga a tu madre!

HERMES
(cantando)

Tal parece que estás arrepentido...

PROMETEO

¡Oh Zeus, tirano fermentido,
sé que voy a sufrir y me conformo...!

LAS OCEÁNIDAS
(retirándose)

¡Qué olor tan espantoso a yodoformo...

PROMETEO
(bajo el bisturí de Hermes)

¡Ay...!

OCEÁNIDAS
(en la lejanía)

¡Que caray...! ¡Que caray...!

viernes 29 de mayo de 2009

De última hora

La posibilidad de un debate entre Chávez, Vargas Llosa, Krauze y Castañeda ha quedado anulada considerando:

1. Que dice Chávez que "él como intelectual es un soldado".
2. Que dice Vargas Llosa que fue "acaso un gesto para la galería o una emboscada" (y apenas se dieron cuenta, asumo)
3. Que dice Krauze que es "una cobardia (...) y que perdió la oportunidad de hablar con uno de los más importantes escritores del mundo" y... (sonido de bombo y platillos) ...
4. Que dice Castañeda que Chávez "se rajó" y que ellos querían "un diálogo de ideas con el dueño del circo, que es el Presidente Chávez"

Ergo, los intelectuales afines a Chávez son, en el argot de Castañeda, unos animales.

Lo demás es silencio, o como dijo el canaca, querido lector: ahí véale, apúntele bien.