Antes cruzaban ríos…
Emilio Carballido.
Está claro que la vida comienza a joderse cuando uno empieza a enumerar las cosas que antes no le pasaban. Falso. Las cosas ya estaban jodidas y lo que pasa es que uno empieza a cobrar conciencia de cómo las cosas antes simplemente pasaban o no. Por ejemplo, antes no sufría de insomnio ni me despertaba a las cuatro de la mañana para escribir diálogos simplones obtenidos en el sueño. Más aún, antes no me despertaba a las cuatro de la mañana y si lo hacía me tomaba un vaso de agua y me volvía a dormir. Antes las resacas me duraban medio día y no uno ni dos, ni tres. Antes no me daba por pensar que era bipolar ni me percataba de mis conductas propias del signo de Cáncer. Antes quizá no me daba cuenta de que en invierno puedo dormir como un bendito si no hay humedad y si no hay polen en primavera, y quizá no me daba cuenta de que sí padecía de insomnio pero no había insomnio que aguantara más de dos soliloquios. Antes no me daba insomnio porque me levantaba a las cinco de la mañana para ir al inglés. Antes no me daba insomnio porque me levantaba a las seis para ir a la escuela. Antes escribía consciencia y no conciencia. Antes no escribía con ciencia. Y tampoco ahora. Antes no me quedaba dándole vuelta a los capítulos de la novela que corrijo y que no sé cómo escribir. Antes no me interesaba la poesía de Miguel Hernández. Corrijo. Antes no sabía que no me interesaba la poesía de Miguel Hernández. Y si me apuran un poco, tampoco la de García Lorca. Antes no nos preocupaba lo que habríamos de hacer el año siguiente, quizá porque lo que haríamos al año siguiente formaba parte de un plan unido a lo que hacíamos este año, terminar el colegio o la universidad, o el posgrado, aquellos que hicieron o siguen haciendo posgrado. Pero de pronto, uno descubre que si no se ocupa de pensar en qué hará el año siguiente, ingresará a la reserva nacional de talentos a.k.a el paro. O, vuelvo sobre la hipótesis primera, no es que uno descubra que debe pensarlo, sino que de buenas a primeras se descubre pensándolo y de paso descubre también que pensar esas cosas estresa, pero no hay remedio, está uno allí, con insomnio, y se siente un náufrago de Géricault o Delacroix en medio del océano. Y en lugar del estoy orgulloso de ti de tu padre, te dices a ti mismo no estoy orgulloso de ti y de paso descubres que cada día te pareces más a tu padre. Ojalá se tratara de que uno se vuelve mayor, pero no, uno solamente se va haciendo viejo.
2 comentarios:
Buff, muy reflexivo e intenso. Pero tienes razón, si te hago caso y razono en profundidad lo que has escrito, me hundes.
didi.
El Prozac va por mi cuenta, Didi!! Jaja. Qué bueno que sigas este blog, no te preocupes, no siempre está emo como en esta entrada. Saludos.
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