Fotografía tomada del blog de Iván Thays, tomada a su vez de ElMalpensante.
Ha muerto Fogwill. Su muerte me entristece de veras. Justo hace unos días en Madrid compré Los Pichiciegos y Help a él. Me gustaría ser un buen escritor sólo para poder escribir amorosas despedidas a modo de agradecimiento cada que se van nuestros mayores. Hablo de aquellos que de una forma u otra acaban influyendo sobre nosotros. Lo pienso porque Fogwill ha sido en mi caso, uno de esos Virgilios cuyos libros nos guían por los senderos de la vieja puta literatura. Pero no sé escribir necrológicas como aquellas que tan bien escribía el Pereira de Antonio Tabucchi. Y quizá Fogwill, siempre cascarrabias, siempre perro rabioso con lo maloliente y hasta con lo que no, habría desdeñado ditirambos de esa especie. Es un lugar común decir cuando un autor muere que nos quedan sus libros, pero no por común es menos cierto. No otra cosa nos queda. Tratándose de Fogwill nos quedan también entrevistas polémicas, latigazos inolvidables. Más allá de la controversia que tan cara le era, de la polémica que siempre estaba dispuesto a generar, nos queda la suya, una literatura de altísimos registros.
Releo Muchacha Punk y subrayo esta frase:
"El arte –pienso debe testimoniar la realidad, para no convertirse en una torpe forma de onanismo, ya que las hay mejores."Su ojo de sociólogo lo ayudó a convertirse en uno de los mejores publicistas y quizá él mismo haya acabado siendo su mejor producto. Dice Silvina Friera en su nota para Página/12:
Y anota una pulla más de Fogwill:Entre las campañas publicitarias de cuño fogwilliano, de las que le gustaba jactarse, está la de los cigarrillos Jockey: “Suaves pero con sabor, el equilibrio justo”. A Fogwill se le ocurrió “el sabor del encuentro”, que inicialmente no era para la cerveza Quilmes, sino para una tabacalera, y trabajó para Dupont, Esso, Nobleza Piccardo y muchas empresas más.
“Las boludas que están en la Facultad de Letras dan clases para chicos tontos; que escriban o den dos clases teóricas sobre Fogwill no es llegar a la academia. Porque Puan no es la academia... es lacamierda. Puan me parece un cotolengo”.
¿Qué habría dicho Fogwill de Pola Oloixarac, la autora de "Las teorías salvajes" surgida de Puan y de quién se ha dicho que es Fogwill con polleras? Me pregunto, pero me autoreconvengo. No nos desviemos. Fogwill se ha ido. Leo Help a él mientras se entremezclan otras lecturas, otros deberes, varias dispersiones, algunos fastidios y ni siquiera puedo escribirle una necrológica medianamente decente. Así que simplemente buen viaje, Fogwill. El Chianti con cola irá en honor del recuerdo de aquella muchacha Punk que un día, en la esquina de Oxford Street y Regent Street. Esquina Fogwill. Es curioso. Allí mismo me despedí hace poco de una muchacha que no era británica sino madrileña. Era guapa y tenía los ojos aristocráticos como la muchacha Punk, pero no era una muchacha Punk sino al vesre. Ella partió en uno de esos autobuses rojos que van hacia King Cross Road, como en Muchacha Punk, pero sin Punk.
Siempre la vieja puta literatura con sus cosas.
En fin. Hasta pronto, viejo Punk.

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